¿Será cierta la afirmación popular de que el amor, el dinero y lo tonto no se pueden ocultar? Viendo el tipo de boda de Santiago Nieto, exdirector de la Unidad de Investigación Financiera de la Secretaría de Hacienda, con Carla Humphrey, consejera electoral del INE pues uno está por darle la razón a la sabiduría popular.

Aunque el recién casado y una de las invitadas, la secretaria de Turismo de la Ciudad de México, Paola Félix Díaz, anunciaron la renuncia a sus cargos después de la celebración del matrimonio en la ciudad de Antigua, Guatemala, todo mundo sabe, sin embargo, que no renunciaron sino que casi con certeza fueron invitados a hacerlo. En términos prácticos, fueron cesados.

En el caso de la exsecretaria de Turismo de la CdMx se argumentó que su salida como funcionaria se debió a que viajó en un avión privado en el que se intentaron introducir en Guatemala ilegalmente 35 mil dólares que no fueron declarados. No los llevaba ella, se confirmó que eran del propietario de la aeronave Juan Francisco Ealy Ortiz, dueño también del diario El Universal, quien a su vez explicó que los utilizaría para chequeos médicos en Estados Unidos, ya no se sabrá si eran para poner en el zapato de la novia cuando se hiciera la tradicional colecta para la luna de miel, en cuyo caso hubiera necesitado varios pares de zapatos, pues a ojo de buen cubero, los invitados sí se pondrían la del Puebla con toda facilidad.

Santiago Nieto, por su parte, simplemente afirmó en un tuit: “Antes de que pudiera afectarse el proyecto (¿de la 4T?), por las críticas derivadas de actos de terceros relacionados por un evento personal y transparente, preferí presentar mi renuncia como titular de la #UIF. Mi lealtad es con el Presidente @lopezobrador_. Mi amor para @C_Humphrey_J”.

Se han soltado los dardos contra el boato, la elegancia y el derroche en la celebración de la boda de estos dos personajes, aunque realmente lo que les estarían criticando es no ser hipócritas. Teniendo los recursos económicos que tienen no iban a celebrar nupcias buscando padrinos de recuerdos, de música, de liga, de copas o de bebida. Tampoco era de esperarse que tomaran charanda y mezcal en vez de champaña y güiski. Mucho menos que pusieran en las mesas las botellas de tres litros de Coca Cola para que los invitados de sirvieran y que los meseros sólo les llevaran alcohol a los que se veía que les iban a dar buenas propinas o a los más ebrios porque esos se ponen generosos. Esa parte del “castigo” es irrelevante, porque ¿acaso por pertenecer a la 4T tendrían que dar la apariencia de pobres cuando no lo son? Es decir, si hubieran hecho una boda modesta, digna de TV y Novelas y no de Hola, ¿serían mejores funcionarios? Pues no, la lana la tienen y la quisieron derrochar en su boda.

Tampoco es que ahora Santiago Nieto se vaya a capacitar en hacer tamales y entrarle a una tanda para llegar a la quincena, ni que vaya a cancelar la luna de miel y sólo lleve a su flamante esposa a una trajinera de Xochimilco en lugar de Dubai, París o cualquier otro lugar fifí todavía no revelado.

El mismo Presidente dijo que la boda era “escandalosa” porque era contraria a la política de austeridad de la 4T, pero nadie le hizo ver que no era un festival institucional sino una boda privada.

La supuesta relación que sí debería investigarse es la del novio con conocidos narcos, pues trascendió a los medios que el lujoso lugar donde se celebró la boda pertenece a la familia Guzmán Coronel, es decir al “Chapo” Guzmán. Y ese es un tema de interés para toda la ciudadanía. No si sirvieron champaña y hubo fiesta de recibimiento, boda y tornaboda como en la tradición oaxaqueña, porque en caso de comprobarse un vínculo con el conocido narcotraficante  quiere decir que, como en otros sexenios, las grandes fortunas del narco y su libre operación sólo pueden explicarse por acuerdos con personajes clave del gobierno. Eso sí pondría en entredicho gravemente a la 4T.

Aunque todo parece indicar que incluso ese grave tema podría entrar por ojos de vista gorda y que el verdadero pecado de los dos renunciantes fue “dormir con el enemigo”. Una alta funcionaria de la capital viaja en el avión particular del dueño de un medio que ha golpeado una y otra vez a la administración lopezobradorista. Santiago Nieto se casa y en su lista de invitados incluye a prominentes panistas como Josefina Vázquez Mota, la secretaria general del PRI, Carolina Viggiano, el diputado verde Javier López Casarín y al mismo Ealy Ortiz que desde su medio ha tratado insistentemente de descalificar al actual gobierno. Más que por delitos o no guardar la imagen, se les castiga por la deslealtad. O por haberse puesto al descubierto esa deslealtad. Si el Presidente no iba a acudir a la boda ¿qué podría salir mal?

¿Qué sigue?, ¿esperar que termine el ciclo mediático de este escándalo?, ¿dejar que se “enfríe el asunto” como se dice en la jerga política?, ¿dejar que la opinión pública se entretenga con los detalles de las fastuosidad de la boda y las renuncias? Esa ha sido la práctica común, abordar las superficialidades y dejar de lado las cuestiones verdaderamente importantes. No es Santiago Nieto, no es Carla Humphrey, ni Paola Félix Díaz nada más, esas espinas envenenadas están clavadas en todos lados. Entre amigos, compromisos de campaña, compromisos políticos y los amigos de los amigos, las administraciones federal y estatales de la 4T están llenas de personajes prominentes o de medio pelo cuya virtud principal es saber decir “sí señor” y tener los contactos adecuados. Los ciudadanos de a pie, los que si esperan la llegada de la quincena, los que van a “aprovechar” el Buen Fin para ahorrarse unos pesos o poder pagar a meses sin intereses los pueden ver todos los días en sus oficinas ostentando cargos. Esos personajes que hace unos años eran fieles panistas, después descubrieron su vena priista y ahora les ha sido revelada una conciencia social que arropa sus cargos grandes o pequeños.

Esto no es nuevo; Venustiano Carranza hizo una purga para elegir a los verdaderos revolucionarios, es decir, personal de confianza que le diera legitimidad, especialmente a su gobierno interino en el escenario mundial, por eso el personal del servicio exterior fue un blanco relevante para desplazar a los porfiristas y los simpatizantes con el villismo para garantizar la consolidación de su poder así la imagen de estabilidad y democracia. Pero nunca faltan las decisiones prácticas como las de ahora. Reincorporó al servicio exterior mexicano a Amado Nervo porque ya era el prestigiado escritor que le podía dar brillo al carrancismo, a Francisco A. Icaza y algún otro por recomendación de Isidro Fabela, pues nunca faltan los amigos que quieran echar la mano.

Igualito que en la 4T, nomás es cuestión no de rascar sino de soplar el polvo para ver a los funcionarios que cambian más de color que antaño las mujeres de pueblo enamoradas.

@pramirezmorales

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