La cita de Mark Twain viene perfecto para hablar del regreso a clases presenciales y vale la pena anotar todas las palabras del escritor: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”. En realidad, eso es lo que hacemos casi siempre, sobre una base verdadera o casi verdadera hacemos una interpretación falsa o distorsionada pero creíble.

Ahora que la Secretaría de Educación Pública decretó el regreso a clases presenciales no conocemos con precisión los criterios utilizados para tomar la resolución, quizá sólo que ya había pasado mucho tiempo sin clases o que la brecha de la calidad educativa se ensanchaba con la educación a distancia que en realidad sólo retrocedió a las tradicionales clases expositivas.

Sería muy lamentable que una experiencia personal sea la que influya en la determinación. En una mañanera, el Presidente, que gusta de ejemplificar con casos comunes para que el “pueblo entienda”, dejó entrever su postura de desagrado como padre viendo a su hijo estar todo el día frente a una pantalla, sea recibiendo clases a distancia o en los videojuegos. Eso al margen de que pertenece a la clase privilegiada que tiene una computadora, internet y videojuegos.

Los hechos, sin embargo, son los siguientes:

1.- Se vacunó a los docentes del país, cierto, pero se les aplicó la vacuna Cansino que ha sido señalada como la de más baja eficiencia. Algunos docentes lo han comprobado con la prueba de inmunidad.

2.- La vacunación es voluntaria y existen maestros que han rechazado la vacuna. Este es un tema del que se habla poco. En Estados Unidos, el doctor Anthony Fauci, asesor médico de la presidencia, ha señalado que para detener el brote de casos en las escuelas los estudiantes deben estar rodeados de personas vacunadas. En México no se habla del asunto porque se incursiona en la polémica del derecho laboral y la postura de los sindicatos. El hecho es que hay maestros no vacunados.

  1. Durante año y medio no se hizo nada para acondicionar las escuelas con miras a un regreso seguro. Las mamparas de acrílico que se usan en los comercios y de las que tuvimos imágenes en las escuelas japonesas son un sueño guajiro. En nuestro país la educación es gratuita, dice el papel, pero el papel resiste mucho, no así la realidad. No hay cuotas de inscripción, pero hay “aportaciones voluntarias”, “cuotas de recuperación”, “aportación a las sociedades de padres de familia” (ojo: se sigue diciendo padres cuando existen miles de familias sostenidas por una mujer). El hecho es que sí se paga y ese dinero lo gastan los directores como mejor les parece. Pero ni los directivos de escuelas ni las autoridades educativas realizaron acciones de acondicionamiento especial porque no las marca el protocolo que emitió la SEP.

4.- De las ocho medidas que marca el protocolo, las únicas concretas son el acceso a agua (de la que carecen muchas escuelas), jabón y gel antibacterial. No se especifica de quien es responsabilidad la disponibilidad de estos materiales. También se indicó el uso obligatorio de cubrebocas y suspensión de reuniones o ceremonias.

5.- Se omitió especificar el tipo de cubrebocas que se requiere para asistir a la escuela. Aunque se han vertido muchas opiniones sobre cuál es el mejor, parece haber consenso en recomendar los de tres capas —el quirúrgico— o el KN95. Para una cantidad considerable de familias este es un gasto extra que merma sus recursos ya escasos. La obligatoriedad del uso de este implemento llevará a prácticas poco saludables como lavar los desechables o usar los menos eficientes sólo para cumplir con la norma.

6.- El protocolo omite indicaciones para la toma de alimentos de los niños y tampoco si las escuelas continuarán vendiendo productos alimenticios, es decir, en realidad no se tomó en cuenta la realidad que plantean los expertos en infectología: estamos en medio de una pandemia, este problema mundial no ha terminado. Esta y otras omisiones aparentan cubrirse dando a cada institución la atribución de realizar una “planeación colegiada” tanto para los factores académicos como sanitarios, si lo traducimos correctamente quiere decir “que cada quien se rasque con sus uñas”.

7.- Nada se ha dicho sobre contar con personal adicional para monitorear el uso de cubrebocas, el lavado de manos y la sana distancia en las escuelas, algo que no han hecho escuelas públicas ni muchas particulares. Esto resulta especialmente riesgoso en el nivel básico porque para los niños es nuevo el uso permanente del cubrebocas y los descuidos estarán a la orden del día. Si aparecen síntomas no se habla de apoyo específico del sector salud, pues las pruebas gratuitas son prácticamente inexistentes.

8.- La vacunación de la población de 18 a 29 años está en curso pero todavía falta mucho para cubrirla. Aunque existe la posibilidad de que en los niveles medio superior y superior no sea necesaria una vigilancia extrema para el cumplimiento de las medidas de seguridad, esto es nada más que un buen deseo, pues las malas prácticas las vemos muy recurrentemente en la población adulta.

  1. La cantidad de población de siete a doce años —la población escolar más numerosa— vacunada es todavía insignificante.
  2. El protocolo establece la creación de un comité participativo, integrado por el personal de la escuela y los padres y madres de familia, que se encargará de tomar las decisiones para el regreso seguro a clases y otras acciones como la limpieza general de la escuela. Es decir, no habrá personal estatal o municipal encargado de acciones de desinfección, la tarea recaerá en madres y padres de familia. Se supone que también en el personal de la escuela, pero a ver si logran que el personal sindicalizado realice una tarea diferente a la de su nombramiento. O si los padres, fuera de las zonas más ruralizadas, accederán a ir a limpiar.
  3. Los medios electrónicos han omitido el seguimiento a los casos de Covid en las escuelas. Las autoridades han reconocido contagios en 88 centros escolares pero no han dicho cuántos. Valdría la pena recordar que esta pandemia, que ya cobró la vida de más de 275 mil personas en México, según cifras oficiales, empezó con una persona. Es decir, cada caso cuenta. Y en las escuelas se van reportando las cifras; 13 casos de Covid en Guanajuato, tres casos en Torreón y otros tantos en Puebla, 495 casos en Jalisco entre niños de 3 a 14 años, 18 en Querétaro, cinco en Mérida, cuatro en Monterrey y varios más en las notas de los periódicos estatales, pero no se tiene o no se da a conocer un registro puntual del número total por día. Se ha reconocido el cierre de 39 escuelas por contagio. Probablemente sumen unos cuantos cientos los menores contagiados, pero ninguna madre o padre puede sentirse satisfecho si a su hij@ le toca pertenecer a la cifra “insignificante” de casos, especialmente los que sufran la pérdida de un hij@.
  4. Cierto que muchos padres y madres de familia ansiaban el regreso a clases, tanto como otros están descontentos con la medida. Esperemos que no haya arrepentimientos tardíos. En Europa se habla ya de una cuarta ola de la pandemia y se afirma que en Alemania ya comenzó, justamente por el contagio entre la población joven.

Allí están algunos de los hechos. Todos ellos y algunos más se pueden tomar para defender una postura o la contraria sobre la pertinencia del regreso a clases presenciales. En ciertos puntos, convenientemente, no se cuenta con el dato preciso. Es información que se da a retazos, quizá cierta, pero fragmentada. Pero como decía otro escritor, Jules Renard, “de vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes”.

@pramirezmorales

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