La lucha de las mujeres para ejercer todos sus derechos ha sido larga, difícil, llena de obstáculos, de injusticias y también sembrada de muerte, pero ha avanzado, eso es innegable. Las leyes contra la violencia de género y a favor de la igualdad fueron un hito importante en nuestro país. La paulatina toma de conciencia de más y más mujeres hasta formar un movimiento de alcance nacional es también muy relevante.

Esperemos que los resultados electorales recientes hagan pensar a los partidos que las mujeres defensoras de sus derechos cada vez somos más y somos votantes. Lo diré con claridad, estoy convencida de que Morena recibió un voto de castigo por parte de las mujeres porque el discurso presidencial nos ninguneó y porque no hubo acciones o contrapesos destacados para indicar que independientemente de las mañaneras había instituciones aplicando políticas de género. Se dice que la pandemia incrementó la violencia contra las mujeres, aunque es mucho más probable que sólo haya revelado lo que realmente ocurre cotidianamente en los hogares. Si la miopía política no deja ver que el voto de castigo de las mujeres es un ingrediente a tener en cuenta, el 2024 va a estar más complicado. La Ciudad de México no deja dudas sobre esto.

En las redes leí varias reflexiones sobre el tema. Estaban las mujeres enojadas sintiéndose traicionadas por un partido y un gobierno del que esperaban mucho más, las mujeres también incómodas con el discurso gubernamental ─muchas veces traducido a hechos, pues en Veracruz, Morena impidió la aprobación de la interrupción legal del embarazo(ILE)─ pero que con todo acierto consideraban ─yo entre ellas─ que no podían esperar nada más de los otros partidos y estaban las campañas en redes de la oposición sacando provecho de la desilusión feminista. 

Me encantaría presenciar la discusión de un acuerdo legislativo entre PRI, PAN y PRD sobre la ILE (recuérdese que fue el PRD el que recogió el reclamo feminista y llevó al entonces Distrito Federal a ser el primer lugar del país en legislar a favor del aborto). ¿Le recordarán al PRD su aportación de votos?, ¿Lo pondrán siquiera en la mesa con los panistas? ¿Le saldrá al PRI su mochez convenenciera? Difícil que algo favorable para las mujeres salga de ahí.

Si en el ámbito público se ve un panorama difícil, pero no desolador, pues es el ámbito público donde más se ha avanzado, en el privado es donde la multicitada cerdita arquea el rabo.

Ese ámbito privado que nos mostró la pandemia y que sigue siendo tan desigual como hace muchas décadas. Donde las mujeres sufren en silencio maltrato de todo tipo y sólo sale a la luz cuando llega a extremos de violencia física que les hace temer por su vida o por la seguridad de sus hijos.

Pertenece también al ámbito privado la desigualdad legitimada de las mujeres “bien” o “decentes” que se comportan como “deben” y no se andan metiendo en esos borlotes feministas que “son una vergüenza” como calificaron muchas mujeres los brotes de violencia en las marchas. También está aquí la desigualdad de género que se legitima por la pertenencia de clase, la de las mujeres que no se consideran diferentes a los hombres sólo porque tienen autos, viajes, ayuda doméstica y niñeras. La comodidad provee también de ceguera para identificar la violencia y la desigualdad. Muchas mujeres han tenido que enfrentarse a la dura realidad cuando el cuento de hadas termina y comienzan una batalla de divorcio o por custodia de los hijos y se dan cuenta que en realidad no tenían nada y que la subordinación siempre estuvo allí aunque enmascarada.

Otro factor que actúa en contra del feminismo es el falso feminismo, el discurso y los modelos que el propio feminismo ha creado y que se convierten en una especie de cárcel o por lo menos en limitantes muy severas. Los mensajes y los memes que inundan las redes sociales contribuyen a acentuar este fenómeno. Es un falso feminismo estar en contra de la maternidad, del arreglo personal, del enamoramiento e incluso de la vida en pareja. He leído llamados a voltear hacia el lesbianismo para “evitar la opresión patriarcal”, esta convocatoria se está volviendo tendencia.

¿Por qué no luchar contra la desigualdad pero aprender simplemente a identificar lo diferente? Un feminismo que no se avergüence de gustar de maquillarse, vestirse de cierta forma, enamorarse y desear un hombre deconstruido aunque en ello se vaya la vida o el esfuerzo, una maternidad deseada y disfrutada, con hijos que por lo menos recibirán información diferente respecto a los roles de género. En fin, una serie de aspectos que sólo nos hace mujeres felices. ¿Qué algunos de ellos forman parte de la ideologización? Pues sí, ¿y qué? Si lo reconocemos adquiere un sentido diferente y con toda seguridad distintos comportamientos.

La vida en las redes es como una gran plaza, donde se desarrollan muchas conversaciones simultáneas. Sin embargo, aun en ese gran espacio existen grupos a los que unen intereses comunes. En ellos he visto desarrollarse estos estereotipos de feminismo que también impiden avanzar. Las feministas de memes contribuyen poco a la causa. Postean memes sobre la libertad femenina o cuando aparece un hecho mediático acerca del feminismo y publican memes o frases de apoyo, pero su vida personal desdice lo que publican en redes, de modo que sus mensajes en redes no pasan por el filtro de una reflexión, consideran que ser sororal es apoyar incondicionalmente a cualquier mujer o no hablar mal nunca de una de ellas, mantienen un discurso viejo de la libertad sexual sólo renovado por las imágenes y los mensajes de los memes. Ese apoyo es tan inconsistente como accidentada y confusa su contribución a la lucha feminista.

Contaré una anécdota que espero no sea demasiado indiscreta. En una ocasión un grupo de mujeres al que pertenezco convocó a la conferencia de una feminista muy reconocida. Una amiga, a la que sí considero feminista, renunció ese día a sus tacones altísimos habituales porque sabe que no serían bien vistos por la conferencista. Siempre me ha parecido que ese precisamente fue un gesto antifeminista.

Verónica Mendoza señala acertadamente que “El falso feminismo está articulado desde la similitud del dogma patriarcal, el cual crea una imagen de la mujer prototípica, una mujer que se ajusta a un modelo preestablecido, que sigue un dictado desde el exterior de su convicción y que le hace vivir de acuerdo al camino ‘políticamente correcto’, para alcanzar la tan anhelada libertad”.

El trabajo del feminismo es mucho, porque es doble. Debemos enfrentar un sistema patriarcal que legitima en muchos frentes la desigualdad y sacudirnos esos estereotipos que inevitablemente se han creado, para no perder de vista el verdadero objetivo. Quizá los cambios en el ámbito privado sea la tarea más ardua que nos espera.

@pramirezmorales

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