!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube

El virus Covid-19 ha repercutido muy negativamente en las economías de prácticamente todo el planeta. En países como México que tienen una enorme cantidad de población en la economía informal, la pandemia ha dejado sin empleo a amplios sectores. Paradójicamente, el sector asociado con los insumos requeridos para prevenir y atender la enfermedad ha tenido un repunte.

Uno, es el caso de los equipos médicos necesarios para el tratamiento de los enfermos graves que incluso se vio rebasado, pues nadie hubiese podido imaginar que la urgencia de ventiladores mecánicos se dispararía de tal modo, pero no sólo eso sino todo el equipo complementario para las unidades de terapia intensiva.

También, de pronto, los insumos sanitarios de uso constante como batas, cofias, cubrebocas y botas desechables no sólo tuvieron una etapa de escasez sino que esta misma circunstancia, regida como todos los productos que se venden en el planeta capitalista por la oferta y la demanda, elevaron ridículamente sus precios. Un cubrebocas sencillo de uso sanitario fabricado con pellón que antes podía tener un costo al público de uno a dos pesos, de pronto sólo era conseguible con un precio de entre cinco y diez pesos. Lo mismo ocurrió con los guantes desechables de vinil o de látex.

Los materiales desinfectantes como el gel, alcohol, limpiadores y toallas desechables escasearon primero y poco a poco han ido apareciendo con los precios escandalosamente altos. Algunos elevaron su costo hasta en 500 o mil por ciento. Una botella de limpiador desinfectante que antes se adquiría por 30 o 40 pesos ahora llega a costar hasta 250. Las toallas antibacteriales desechables que se venden en botes de plástico despachadores fueron de 50 o 60 pesos a la inmoral cantidad de 800 o 900 pesos por bote con 80 toallitas.

Naturalmente se reducía de modo considerable la cantidad de población que podía adquirir tales productos y, por consiguiente, la que podía tomar medidas preventivas contra el contagio.

Sin embargo, la misma lógica capitalista que hizo aumentar el precio de los insumos con una etapa inicial de escasez, ante la demanda, comenzaron a aparecer nuevos fabricantes. Las plataformas de venta en línea han ido mostrando mayor variedad de productos y de precios.

Ahora hay una gran disponibilidad de productos desinfectantes, cubrebocas, guantes, caretas protectoras, cofias de enfermería, tapetes desinfectantes y toda la parafernalia que nos hace dormir más tranquilos y que realmente cuida a quien se quiere cuidar. El problema es que también se expenden productos de poca calidad, de los llamados “clonados”.

Los cubrebocas, en un inicio tan escasos, ahora se venden en prácticamente cualquier esquina; la Organización Mundial de la Salud ha señalado que es necesario adquirir el cubrebocas según sea el uso. Una persona infectada debe usar uno que impida expeler la saliva. Pero, como ocurre casi siempre, no falta quienes creen que entre más caro es mejor. Los cubrebocas KN95, que no serían útiles para quienes ya están contagiados, sino para quienes están sanos pero desean protegerse y al mismo tiempo facilitar la respiración continúan siendo caros considerando que si cuestan entre 100 y 300 pesos y son desechables, la persona que desee usarlos deberá gastar una fortuna.

No sólo hay más cubrebocas, ahora este accesorio no sólo provee la necesidad de protegerse de un contagio, también puede ser un objeto que demuestre las diferencias de poder adquisitivo. Marcas muy afamadas lanzaron sus cubrebocas, así se puede adquirir un cubrebocas Salvatore Ferragamo por poco más de diez mil pesos, o un Fendi, Gucci, Steve Madden o Yves Saint Laurent también a precios exorbitantes. Lo más sorprendente es que dichas marcas han reportado que su producto se ha agotado y muchos compradores están a la espera de nueva producción.

Pero no sólo las marcas de moda se pusieron las pilas, las marcas deportivas también están fabricando las mascarillas para ofrecerlas a todos sus seguidores. Adidas, Under Armour, Nike, Reebok, Puma y otros. Los clubes deportivos también están vendiendo sus propios cubrebocas. Los equipos de la NBA, como Los Lakers o de futbol como el Barcelona o el Real Madrid también tienen sus propios diseños.

Como era de esperarse, son legión los que desean andar a la moda sin gastar tanto, así que en muchas esquinas de la ciudad de Xalapa, y supongo que de muchas otras ciudades, puede usted adquirir cubrebocas con logo del América, del Cruz Azul, de las Chivas, con la imagen de su marca deportiva de preferencia, o de moda como Ferrioni y Calvin Klein, con personajes de Disney o de los superhéroes de Marvel o de DC, con florecitas, con la bandera LGBT, con perritos, gatitos, leyendas ideológicas, banderas para los nacionalistas o ingeniosos con barba y bigote, con la foto del propio usuario, con la emblemática lengua de los Rolling Stones, con diseños de luchadores famosos, con identificación empresarial o institucional, con la imagen famosa de Alien, en fin, tan inagotables como la imaginación misma, de algodón, de neopreno y otros materiales, unos más eficaces que otros a diez pesos o tres por 25. Comprenderán que si compran uno de estos accesorios no será original, no tendrá el costo exagerado de la marca original, pero con un aspecto muy parecido que les hará verse, deben pensar los usuarios, muy  cool. Cierta protección, no hay duda, sí les brindará.

Lo lamentable es que ni con esta gran oferta se puede convencer a todo mundo de usar este aditamento de protección. Y los fallecidos se siguen acumulando. Lástima, tan bien que se verían con su cubrebocas Louis Vuitton.

[email protected]

!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube
!Integrate al comercio electrónico¡ Estrategias en la Nube