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Durante el periodo de hegemonía del PRI predominó una enorme intolerancia a la crítica hacia el sistema; esto se lograba de varias maneras, con el control terso de los medios informativos, bien aceitado con prebendas que garantizaban desde el silencio más ominoso a cualquier acción negativa del gobierno hasta una adhesión que llevó a Emilio Azcárraga Milmo, director de Televisa, a afirmar “soy un soldado del PRI”.

Estaban también, por supuesto los órganos oficiales, que en el afán de revisar la calidad del contenido, suprimían medios críticos, como lo hacía la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas. No faltaban los crímenes contra periodistas y recordemos sólo a manera de ejemplo el asesinato de Manuel Buendía.

La Iglesia y los grupos conservadores se unían a ese control porque rechazaban cualquier tipo de crítica que pudiera representar un peligro de “socialismo”, ese monstruo etéreo en el que entraban las ideas libres y también porque el corazoncito ideológico del PRI se inclinó por Estados Unidos durante la Guerra Fría. Y si para que ese control funcionara, el gobierno debía tolerar acciones como las de, por ejemplo, la Liga de la Decencia Mexicana, que preservaba al país de la impudicia en sus muchas formas, no tenía reparo en hacerlo.

En todos los años de vida del noticiario 24 horas, de Televisa, seguramente nunca se emitió una crítica a la figura presidencial. No hubiera sido tolerado por la empresa y, tal parece que el propio titular del noticiario, Jacobo Zabludovsky, consideraba que así debía ser.

En este contexto de limitaciones severas a la libertad de expresión, la Asociación de Editores de Periódicos Diarios de la República Mexicana A.C. tenía poder político porque desde la cúpula de propietarios de medios se evitaban las críticas al sistema.

En 1994, en la campaña presidencial donde competían Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos, la asociación de propietarios de periódicos organizó su asamblea anual invitando a los candidatos a la tradicional comida y a un intercambio de puntos de vistas que no estaba preparado precisamente como debate. Estuve en esa reunión y fui testigo de que antes de la ceremonia oficial, Zacobo Zabludovsky y Cuauhtémoc Cárdenas tuvieron un intercambio un poco ríspido. Cárdenas reclamaba el veto que tenía en Televisa y le dijo a Zabludovsky “cuando yo llegue a la presidencia, usted sí podrá criticar al presidente”, a lo que el conductor de 24 Horas contestó “tenga por seguro que si usted llega a la presidencia, lo criticaré”.

Todo este largo preámbulo resume un fenómeno singular en nuestro país. Tantos años de control y censura no sólo lo ejercieron quienes se beneficiaban de él, sino que “educaron” a las masas ideológicamente, se tenía la convicción de que un gobierno con algún tinte democrático que pudiera ser calificado de “socialista” o “comunista” no sólo podía ser criticado, sino evitado. Sólo en los últimos años del PRI en el poder pudimos ver apertura en la libertad de expresión, pero no por concesión del sistema sino porque sus mecanismos tradicionales ya no funcionaban.

Al llegar al poder un representante que inexplicablemente colocan en la izquierda, como a AMLO, consideran que la libertad de atacarlo no tiene horizonte y que además tampoco debería tener derecho a repeler esos ataques. Hoy, vemos los rallys (o si se prefiere ralis) contra Andrés Manuel López Obrador donde los vehículos que participan portan cartulinas con leyendas como “Vete AMLO, no queremos comunismo en México”, “No al comunismo”, “AMLO vete ya”.

Es muy curioso porque no reivindican una causa o una bandera política sino sólo ideológica y eso quizá es decir mucho, la mayoría sólo llega a unas cuantas nociones mal estructuradas. Al simplificar ganan adeptos. Mucha gente que comparte memes opositores al gobierno, no sabe bien qué es lo que no le gusta de su gobierno. Quizá dirán que AMLO habla despacio o que pone apodos (sostienen que conservador y neoporfirista son apodos). Critican a su esposa por insensible o afirman que no ha podido manejar la pandemia, sin ver al resto del mundo. Los temas verdaderamente criticables no aparecen en estos chistes, imágenes o lemas que alimentan la oposición al gobierno. El más socorrido es que nos quiere llevar al comunismo.

Del otro lado, están los intelectuales conservadores a los que tampoco les gusta la figura presidencial, que tienen foros donde expresar su opinión, tienen un discurso mejor estructurado y alimentan el movimiento antilopezobradorista.

Uno de ellos es Enrique Krauze que, él sí, con el apodo que le puso a AMLO, “Mesías tropical” con el que tituló uno de sus artículos en la campaña anterior, producto de una entrevista, lesionó severamente la candidatura de Andrés Manuel.

Siguiendo el mismo camino, Krauze intenta aplastar la figura de Andrés Manuel López Obrador con un artículo no sólo cuestionador sino acusatorio que publicó muy recientemente en The New York Times. Es significativo el medio en el que publica, pero explicable. NYT ha sido sumamente crítico con la administración de Donald Trump, quien por su parte vetó al diario de la Casa Blanca y canceló las suscripciones que esta tenía del diario. Es explicable, digo, porque el argumento central de Krauze es que López Obrador es igual a Trump. ¿Cómo no iba a tener cabida su texto en ese diario? Para empezar el título “AMLO vota por Trump”, no es tan demoledor como el de “Mesías tropical”, pero se asemeja.

Krauze critica la visita de López Obrador a Estados Unidos. Se olvida de un detalle, tanto Trump como López Obrador son presidentes de sus países. Seguramente Trump se beneficiará de esta visita, porque está en campaña y necesita enemigos contra los que defenderá a los ciudadanos estadounidenses. No se asemeja en nada, como intenta hacerlo creer en su texto, que es el mismo caso de cuando Peña Nieto invitó a Trump. Negarse o aceptar la visita es igual de riesgoso para López Obrador, porque su par de Estados Unidos no se rige por criterios de estado sino por su humor y sus caprichos.

Afirma que los dos presidentes buscan el dominio absoluto sobre los otros poderes. Ambos, dice también, “fustigan a la prensa independiente”. En México no se tiene noticia de que se haya vetado a ningún medio. Si el solo hecho de haber cancelado, y no fue Presidencia, un foro con la figura execrable de Chumel Torres fue utilizado para acusarlo de censor. ¿Qué pasaría si se vetara a uno de los muchos diarios que todos los días fustigan a AMLO?

Cito completo el último párrafo porque es una perla:

“Los demócratas mexicanos no olvidaremos la reverencia a quien tanto nos ha vejado. Y los demócratas estadounidenses no olvidarán el servicio a quien tanto los ha dañado. Si Joseph Biden triunfa en las cruciales elecciones de noviembre de 2020, aunque tendrá muchas cosas que enmendar en el orden mundial, haría bien en prestar atención a su vecino del sur, donde un amigo y fiel servidor de Donald Trump está tratando de imponer un orden autoritario como el que Trump, en sus desvelos tuiteros, siempre ha soñado”.

El artículo de Krauze es un libelo envuelto en datos históricos, mentiras disfrazadas de argumentos, pero no puede ocultar que se dejó gobernar por el estómago al escribirlo.

Biden es candidato. López Obrador no lo ha invitado. No tiene por qué hacerlo. Va a Estados Unidos porque se trata de una invitación de Estado y los riesgos para México están allí, tanto si va como si no lo hace, lo menos que podemos hacer es esperar salir lo menos raspados. Krauze olvida –para su conveniencia- que Salinas apostó por Busch, pero ganó Clinton, quien, como hombre de Estado, no hizo berrinche ni tomó revancha, se comportó como presidente.

Krauze ofende la inteligencia de los lectores, de los demócratas, de Biden, de los mexicanos y del propio medio que le dio espacio a su texto. El afán de abollar a un gobierno que no le gusta, hablando mal de él en el extranjero sólo tiene un nombre: ruindad.

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