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A un mes de cuarentena, la vida de la mayoría de familias ha cambiado radicalmente, antes de esto, los niños iban toda la mañana a la escuela y los pequeños a la guardería, los padres al trabajo y los abuelos a cuidar niños por la tarde después de ir por ellos al colegio y darles de comer, aprovechando las mañanas para ir al supermercado, al banco y a diversas tareas, sin faltar de vez en cuando el desayuno con las amigas. Los fines de semana ir al parque, a pasear y hasta ir a la playa o algún balneario o por lo menos a hacer o ver un deporte con los niños y comer con amigos y familiares, sin faltar la tarde de cine.

Con la cuarentena eso quedo en suspenso, sólo los necios o los que tienen que trabajar para subsistir salen a la calle y nada más, pues no hay cines, centros nocturnos ni parques o deportivos. Las familias han tenido que aprender a estar en casa y cuidar de los abuelos, si en casa tienen jardín, serán las únicas salidas de chicos y grandes para tomar sol, que por cierto está candente. Los alimentos se hacen en familia con mesa llena y los niños en su mayoría a tomar clases y hacer tareas en línea, que por cierto muchos maestros se pasan de exagerados para dejar trabajos y temas de estudio. Las tardes, si ya terminaron las tareas, muchas familias han retomado la vieja costumbre, sana por cierto, de los juegos de mesa, se han desempolvado la lotería, la oca, serpientes y escaleras, el uno, las damas y palitos chinos, éstos últimos con cuidado por aquello del virus, reuniéndose los miembros de la familia a convivir largo rato, lo que ya había salido de la costumbre y muchos niños ni siquiera conocían esos juegos.

Muchos adolescente pasan largos ratos con sus teléfonos, tabletas o computadora, charlando con sus amigos y compañeros en línea ya que no es posible reunirse en vivo, para después desvelarse en la televisión de paga o la común, pues no hay que madrugar para ir a la secundaria, prepa o a la facultad.

Las amistades y familiares distantes solo comparten el rato por el teléfono mientras los chiquillos corretean de la sala a la cocina y si tienen perro, ladra en el patio aburrido al no salir a pasear ni poder correr dentro de casa.

Si hay adultos mayores, sus hijos se encargan de hacer las compras y los pagos, pues los abuelos no pueden salir por ser los que mayor riesgo tienen en estos tiempos, así entonces el abuelo se acomoda en un sillón a leer completo el Diario de Xalapa mientras la abuela arregla y riega las plantas que con este calor se resecan, para después también acomodarse a tejer y apapachar a los nietos.

¿Qué pasará cuando esto acabe?, seguramente será difícil retomar las rutinas que quedaron suspendidas, volver a levantarse temprano, desayunar a la carrera, reincorporarse a la vida ajetreada, corriendo para dejar niños en la escuela y volar para llegar al trabajo, tomar un respiro mientras se charla y disfruta el café con el amigo o amiga, en fin, volver a la rutina, pero ojalá que estos días en que nuestros hábitos de convivencia nos han devuelto un poco de lo que compartían las familias de antes, perduren, que los niños jueguen otra cosa que no sea electrónica, que sepamos donde están los adolescentes y que los padres disfruten a sus hijos.

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