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Por su puesto que lo obligado sería comentar todo aquello que encontró el Doctor Jaime Cárdenas en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado quien, al contrario de los clásicos chairos, manifiesta que “su lealtad no era ciega”, y pudo observar que ladrón que roba a ladrón, ha de ser de la 4ta. Transformación. Es procedente cambiar de un poco y hacer remembranzas de algunas anécdotas que en esta semana recordé en compañía de dilectos amigos. Comenzaré recordando a un muy querido y simpático amigo que trabajamos juntos en Gómez Palacio quien, por descuidar su alimentación, cada vez su gordura era más notoria, y continuamente se quejaba de la dificultad que hasta para dormir tenía a causa de su sobrepeso. Pero el propósito de él siempre fue iniciar una dieta, misma que siempre programaba para el próximo lunes, nunca de inmediato, que se le aconsejaba sería lo correcto; y cuando le hacíamos referencia que ya no le quedaba la ropa, dándose por aludido y contestaba: – “Tienes razón, pero deja que llegue el pinche lunes e iniciaré la dieta”-.  Y el pretexto de “el piche lunes” siempre lo mencionaba. Lo decía con bastante entereza, pero pasaron los meses y hasta los años y ahora que lo encontramos, aún más gordo y con más problemas de gordura, le hemos preguntado: – “Por lo que se ve, el pinche lunes no ha llegado”- Y a guisa de broma contestaba: – “No llega ….. y yo aquí esperando al pinche lunes para iniciar la dieta”.

En mi época de litigante, coincidimos en el Juzgado de Primera Instancia del Distrito de Guadalupe Victoria, Durango, Jesús Rivera Ortiz, alias el Milocho (q.e.p.d.); el Licenciado Raúl Ortega Berumen y este humilde pseudo escritor. Quienes por lo regular comíamos en el Restaurante “Bertha” de aquel prospero lugar. Y al indicarnos que la comida consistía en un caldo de res y arroz, de inmediato acepté la comida corrida, solicitando que a mi plato de arroz se le agregara un huevo frito, coincidiendo con lo solicitado por el Licenciado Milocho, quien también solicitó un huevo frito o estrellado montado en el arroz. Pero mi querido amigo Raúl Ortega Berumen, le indicó a la mesera, que también le llevara la comida corrida pero que al arroz de él se le montaran dos huevos fritos.

Llegó el momento en el que la mesera serviría el arroz solicitado y, nos preguntara: – ¿Quién es el de los dos huevos?  A coro y al unísono le respondimos Milocho, Ortega y yo: – Los tres.

Otra de las anécdotas dignas de recuerdo, es cuando  tuve la fortuna de trabajar como notario público número dos, en el Cuarto Distrito Judicial, teniendo la oportunidad de asistir a una multitud de asambleas ejidales, en donde en uno de aquellos hermosos lugares me tocó la fortuna de conocer a  Don  Samuel, quien se encontraba al cuidado de la puerta del salón en donde se iba a llevar a cabo la asamblea, quien estrictamente no permitía la salida de la gente antes de la conclusión de la asamblea. Pero mientras yo llegaba a dicho salón, uno de los ejidatarios que ya se encontraba dentro del salón quiso salir, a lo que se opuso de inmediato Don Samuel, le indicó: – No puede salir, vamos a tener asamblea. Contestando el que buscaba la salida: – Voy al baño. – Respondiendo molesto Don Samuel: – No señor, cuando tenemos asamblea, hay que venir bien meados y bien zurrados.

No puede faltar aquel acontecimiento cercano a los años ochenta, cuando yo era integrante de la Orquesta Sinfónica de la UJED, en donde mi compañero de atril, cuyo nombre omito, por haber fallecido y por haber sido una persona querida y de todo mi respeto, con una edad en aquel tiempo de más de ochenta años   y simpático al mil por ciento, quien hacía comentarios chuscos de casi todos los actos que se realizaban en ensayos y conciertos. En una ocasión, mientras se ensayaba una parte difícil de las obras clásicas, el director de la orquesta, el eminente Maestro Alfredo A. González, detiene el ensayo y dirigiéndose a uno de los ejecutantes de la Viola, un hombre bastante entrado en años, que con dificultades podía realizar los raudos movimientos del fraseo del arco; a quien le increpa el director con cierta indignación: – “¿Qué hace. . .? ¿Qué hace mi estimado? . . . ¡toque, toque, lo que quiero es que toque!”-  Pero al comprobar que la ejecución de la pieza musical era de suma dificultad e imposible para el veterano de la viola, mi compañero de atril voltea hacia mí, y me indica: “Pues qué gana con decirle: toque, toque., es como si a mí me dijeran: coja, coja……. ¡pues no puedo!

En una visita que realizó un candidato a la presidencia de la república a Santiago Papasquiaro, el director de una de las Unidades Forestales, que era algo tartamudo, le mostraba al candidato gigantes fotografías de la riqueza forestal con la que contaba el territorio del municipio, y en la conclusión de su presentación, sin poder ocultar su problema de tartamudez, le expresó: “Co, co, como us usted verá, se se po podría a asegurar que que la riqueza de San Santiago,  se se  debe a la ma madera”

Son verídicas e inolvidables.

 

 

 

 

 

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