Inicio ColumnasProsa aprisa La cargada, la bufalada; la fiesta política del alarido

La cargada, la bufalada; la fiesta política del alarido

by Arturo Reyes Isidoro

La llaman la cargada, o la bufalada. Es una práctica política que creó el PRI. Con el paso de los años se convirtió en una costumbre, en un hábito, propiamente en una cultura política. Forma parte de la idiosincrasia del veracruzano.

 

Cada que había destapes de candidato a gobernador, o que lo proclamaban oficialmente candidato en una convención partidista, o cuando rendía protesta como gobernador, se daba el fenómeno.

 

Viejo periodista que soy, como reportero atestigüé muchas veces cuando esa masa enorme de militantes o simpatizantes de alguna figura política rompió los cristales de las puertas del PRI o los gruesos cristales del Teatro del Estado.

 

Todos querían entrar al acto, ser testigos del ungimiento de su candidato o gobernador, que el nuevo jefe político los viera, estar en la que era una verdadera fiesta cívica y política, una fiesta de verdadero alarido y de mucho colorido.

 

Incluso ya gobernador en funciones, hubo figuras que atraían a la multitud, como Fidel Herrera Beltrán, a quien una vez se le arremolinó tanto la gente casi hasta el grado de la asfixia, que presionó tanto que le fracturaron una costilla.

 

Fidel lo disfrutaba, como otros candidatos y gobernadores también. Era, para los priistas sigue siendo, parte de un ritual. Al político veracruzano de verdad, auténtico, eso lo alimenta, le insufla energía, lo alivia de todos sus males, le da vida.

 

Pero nadie que no haya nacido en Veracruz, que no se haya formado en su medio político, que no conozca al veracruzano interesado en la participación política-partidista lo entiende, y si no lo entiende no lo práctica, no lo vive y no lo disfruta.

 

Ese desconocimiento es una de las fallas que le veo a Rocío Nahle, quien, zacatecana, urgida de legitimidad que solo le daría el acercamiento, el contacto directo con quienes quiere gobernar para que la sientan, se niega y se resiste a esa cercanía tan necesaria como urgente para ella.

 

Contra lo que se pueda pensar, tengo conocimiento que sí hay personas de su partido, veracruzanos, por supuesto, que se dan cuenta de la falla y que sabiendo las consecuencias negativas que puede tener le han querido decir y pedir que, por ejemplo, quite las vallas metálicas de las que se rodea para que nadie se le acerque, pero ni siquiera permite que terminen y los para con un no rotundo.

 

Su argumento o pretexto es que no quiere que la gente, que los veracruzanos, esos que irían a votar por ella, se le acerquen y la aprieten, o sea, la señora salió delicada y por esa delicadeza no se deja querer, sentir el calor del veracruzano, que se da cuenta del rechazo.

 

Por lo que se vio en su precampaña, la señora adolece del mismo problema de Cuitláhuac: tuvieron un ascenso político hasta las alturas sin haber pasado por etapas intermedias como ser jefe de manzana, director o directora de algún área de un ayuntamiento, regidor, síndico, miembro de un cargo en algún comité municipal de su partido, en fin, les faltó haber vivido prácticas políticas que enseñan y dan experiencia.

 

Quien quiera que revise las fotos y videos de sus actividades puede advertir que la señora vino a Veracruz como aspirante y luego precandidata en plan de conquistadora, viendo a los veracruzanos menos, a los que les hace un favor pretendiéndolos gobernar. Craso error.

 

Su salto a las alturas, haber formado parte del gabinete presidencial, haber sido actora de la práctica ceremonial que rodea al presidente, quien viaja en camionetas blindadas, rodeado por los miembros del Ejército que fueron parte del Estado Mayor Presidencial, aislado de la población por vallas metálicas, la dañaron para la aspiración que tiene de ser gobernadora.

 

Actúa, siempre ha actuado como el presidente, como si ya fuera gobernadora y repite en forma exacta el esquema de protección que rodea a López Obrador: se mueve en un aparatoso, costoso y lujoso convoy de camionetas, la rodea un equipo de seguridad y de “ayudantes” (la ayudantía que fue de Fidel Herrera) que impide que la gente se le acerque, en sus actos está rodeada de vallas metálicas y nunca se baja de los entarimados donde colocan los presídium. Nunca se le ha visto que llegue a un restaurante o a algún café y salude a los comensales de mano, uno a uno.

 

En su campaña será lo mismo. Cometió otro error, de origen: no empezó de menos a más de tal forma que ahora no puede ya bajarse de su camionetota de lujo, movilizarse en un vehículo austero, como el de cualquier ciudadano, dejar los entarimados y mezclarse con la gente, eliminar a sus guaruras, quitar las vallas metálicas, porque si lo hace el veracruzano sabrá que es una farsa.

 

Permitió que le inflaran sus encuestas, que la pusieran casi hasta el rango o porcentaje de 100, y ya no puede bajar porque daría la imagen de derrota. El problema es que el tope es 100, de tal forma que ya no puede crecer más. Cuando se llega a la altura máxima lo que único que queda es la caída. Debieron ir dosificando su crecimiento para que se viera natural y fuera creíble.

 

Lo que se sabe es que para la campaña (prácticamente abril y mayo, aunque inicia el 31 de marzo), en Morena vienen con todo, la elección de Estado que ha estado denunciando Pepe Yunes, y van a recurrir a todas las malas prácticas, ilegales por supuesto, para tratar de ganar a toda costa. No pararán por nada.

 

La semana pasada ya empezaron a intentar a golpear a Pepe con una campaña en redes que no tuvo ningún éxito. Saben que la competencia ya está cerrada y pareja aunque alguna encuesta ya le da al de Perote una ventaja de 3 puntos, prácticamente un empate técnico, pero puntos valiosos porque no tiene todos los recursos del gobierno.

 

Vienen las campañas y si inician una guerra sucia contra Pepe, seguramente los de la coalición opositora no se van a dar callados, y cuidado que la señora tiene mucha tela de dónde cortar, como la de Dos Bocas, o que sus hijas Tania y Rocío Peña ni siquiera estudiaron en una universidad de Veracruz sino en el Tecnológico de Monterrey, de las más caras, y Rocío hija en la Columbia University de Nueva York, cuando Morena proclama austeridad republicana y pobreza franciscana y el mismo López Obrador dijo el 5 de agosto de 2021 que “los que van a estudiar al extranjero aprenden a robar”.

 

O sea ni mamá ni hijas se han involucrado con los veracruzanos, pero ahora quieren su voto. Ya se verá si todo el dinero público que van a derrochar alcanza para derrotar la voluntad de un pueblo que se identifica plenamente, pero con los suyos.

 

Otra mujer valiente

 

Ayer dije que la exjueza Angélica Sánchez Hernández me tiene sorprendido y admirado por su valentía, luego de que no se echó para atrás cuando el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez reinició la persecución en su contra por haber aceptado ser candidata de MC a senadora.

 

Hay otra mujer valiente, veracruzana de verdad, huasteca, Octavia Ortega Arteaga, “Tava” Ortega, quien, igual, ha vivido y sido víctima de la peor violencia, pero nada la ha hecho desistir.

 

Exalcaldesa de Pánuco, exdiputada local por ese distrito, expresidenta de la Mesa Directiva de la Legislatura del Congreso local, sufrió el secuestro de su esposo en 2011, regidor entonces, por el que se pagó un rescate pero nunca apareció y luego, en 2018, sus enemigos políticos mandaron tirar una mano humana frente a la puerta de su casa para intimidarla y obligarla a que se retirara de su candidatura a diputada local.

 

Cosas del tiempo, entonces era candidata del PRI cuando Pepe Yunes era candidato a gobernador por el mismo partido.

 

Nada la ha intimidado, ahí está y sigue, con todas las posibilidades de ser ahora candidata del PVEM a diputada local si decide aceptar. Ella tiene miles de seguidores, simpatizantes suyos, que le pueden sumar miles de votos a la candidata aliada de su partido, Rocío Nahle.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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