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El gobernador Agustín Acosta Lagunes –todos le anteponíamos “don” y no “licenciado” (lo era en Economía) o algún grado académico mayor (en el extranjero había estudiado en Nueva York y en Ginebra)–; don Agustín era estricto como jefe.

Por ejemplo, quería a todos sus colaboradores a las nueve de la mañana en punto en sus oficinas (antes que llegara al gobierno se acostumbraba que secretarios y mandos medios empezaran a despachar a las diez, diez y media u once de la mañana).

Para el efecto, ponía a su secretaria a pasar lista de asistencia minutos antes de las nueve a través de la red telefónica interna, del famoso teléfono rojo que tenía y que además era uno de los símbolos de su poder como gobernante, que solo él tenía derecho a usar.

Ay de aquel que no cumpliera. Don Agustín le ponía una reprimenda que en su vida olvidaría, porque, aunque hablaba con suavidad en condiciones normales, tenía un carácter fuerte y alzaba la voz, a lo que agregaba su ironía y a veces caía en descortesías groseras como dejar a alguien con la mano extendida cuando lo quería saludar.

Aparte de la regañada, el infractor corría el riesgo de que sin mayor consideración lo despidiera, así que todos andaban derechitos (desde su campaña traía la divisa de que su tiempo era de los veracruzanos, por lo que, por ejemplo, siempre comenzaba puntual sus actos estuviera quien estuviera o llegaba a algún punto del Estado previamente programado a la hora que había fijado; no se permitía concesiones).

Con otra más: le gustaba que al primer timbrazo de una llamada suya a través de la red el titular de la oficina le contestara; si no lo hacía montaba en cólera y comenzaba la regañiza (los domingos, a la hora menos esperada, cuatro, cinco de la tarde, me pedía el Notiver –en Prensa entonces, me quedaba a cargo de la oficina de Comunicación Social porque su titular Yayo Gutiérrez se iba a su casa en Acayucan–, periódico que no llegaba a Xalapa, y lo quería “ya”; le llamaba yo entonces al inspector de policía del puerto jarocho quien enviaba a policías con sirena abierta  (en “chinga”, creo que también se dice) por la carretera antigua, porque no existía la autopista, y casi en un santiamén teníamos el periódico).

Fue el suyo un estilo personal de gobernar muy especial (un secretario particular suyo llevó la cuenta un día el número de veces que lo regañó –¿cuántas Felipe?, ¿veintidós?– por lo que nos condolimos de él, pero para nuestra sorpresa nos pidió que no nos preocupáramos: “por cada regañiza que me pega le chingo mil pesos –de la caja chica, ¡de los de aquellos!–)”, nos dijo.

Tiempos de los de entonces, la vida del gobierno tras bambalinas, que en mi caso fue un aprendizaje, una experiencia, el conocimiento de los mecanismos del poder, pero también de la psicología del gobernante y de los hombres del poder que lo rodean.

Todo lo anterior viene a cuento porque ayer se hizo público que la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) pidió a sus funcionarios, de mandos medios a superiores, su ubicación en tiempo real para saber que están quedándose en sus casas para trabajar.

Según publicó el diario Reforma, de acuerdo con el oficio DSE/DG/02472, enviado el miércoles, la Dirección General del Servicio Exterior y de Recursos Humanos de la Cancillería pidió a los empleados de la Cancillería notificar a su superior inmediato a través de WhatsApp, al inicio de la jornada, su ubicación en tiempo real por ocho horas.

Los funcionarios deberán abrir su conversación de WhatsApp, pulsar el botón “Adjuntar” y elegir la opción “Ubicación”, y después elegir la “Ubicación en tiempo real” y “8 horas”.

Cada coordinación administrativa de la dependencia llevará el registro y control del personal para garantizar que las personas servidoras públicas se queden en casa para realizar el trabajo a distancia, así como de las guardias que se realizarán en la sede de la Cancillería.

Asimismo, se les pidió a los funcionarios estar disponibles en todo momento cuando realicen trabajo a distancia.

Ni más ni menos que la escuela de don Agustín. Quién sabe si Marcelo Ebrard lo conoció y lo trató en la Casa de Moneda de México, de la Secretaría de Hacienda, de la cual fue director. Bien lo dice ya el Eclesiastés: no hay nada nuevo bajo el sol.

Aportela, entre los mencionados por Lozoya

María Idalia Gómez (excelente reportera desde los tiempos de aquel Excelsior de Julio Scherer) y Jonathán Nácar publicaron ayer en exclusiva en el portal ejecentral una extensa nota en la que dan cuenta que Emilio Lozoya tuvo tiempo para preparar su defensa y en ella incluye a más de 30 funcionarios y exfuncionarios del gobierno federal.

De acuerdo a la información, el exdirector de Pemex acumuló documentos, mensajes y hasta grabaciones del Consejo de Administración de la empresa productiva del Estado con los que pretende probar que miembros del gabinete del expresidente Enrique Peña Nieto, exsubsecretarios, legisladores y hasta despachos de auditores y consultores tendrían un tramo de responsabilidad o podrían testificar “sobre lo que las autoridades identifican como una red de corrupción que comenzó con el llamado Pacto por México, implicó la reforma energética y terminó con la compra de bienes de Pemex y contratos de servicios”.

De acuerdo a los reporteros, nombres que hasta ahora han acumulado los investigadores de la Fiscalía General de la República (FGR), en las primeras declaraciones de Lozoya, “llenarían al menos ‘tres páginas’ tamaño carta”, según revelaron a ejecentral “personas cercanas al caso”.

Por supuesto, a la cabeza se mencionan a Peña Nieto y a Luis Videgaray, pero también sale a relucir el nombre de Fernando Aportela Rodríguez, exsecretario de Hacienda, veracruzano del que algunos dicen que es oriundo del puerto de Veracruz y otros que de los Tuxtlas.

Aportela fue subsecretario de Ingresos de la Sefiplan en el gobierno de Miguel Alemán Velasco y subsecretario de Hacienda en los primeros cuatro años del gobierno de Peña.

Mi compañero Raymundo Jiménez publicó el 26 de junio del año pasado que desde entonces Aportela fue involucrado por Javier Coello Trejo, abogado defensor de Lozoya en aquellos días, en el caso de la planta de Fertinal (en el municipio de Coatzacoalcos) que fue adquirida por Pemex en 2015 a un sobreprecio de 635 millones de dólares.

Cito a Raymundo: De acuerdo con el abogado Coello Trejo, a pesar de que Lozoya sabía que la planta de Fertinal estaba ofertada a sobreprecio, Aportela y el subsecretario de Ingresos de la SHCP, Miguel Messmacher, le sugirieron hacer la adquisición.

“La recomendación fue de parte del licenciado (Fernando) Aportela, que era subsecretario, y de (Miguel) Messmacher, que era subsecretario, según lo que me informaron a mí funcionarios de Pemex”, declaró a EL UNIVERSAL el abogado defensor del exdirector de Pemex.

Qué lamentable. Veracruz siempre presente en los grandes eventos… pero de pillos. Y pensar que Aportela fue mencionado como posible candidato a la gubernatura para la renovación en 2016 y luego en 2018.

(ejecentral publica una infografía con nombres de dependencias y de exfuncionarios, sus fotografías y los cargos que ocuparon, que estarían siendo enlodados.)

(Hoy salimos de vacaciones en la Universidad Veracruzana. Estoy por hacer un receso con la columna. Te tendrá al tanto, lector.)

 

 

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