Responsabilidad significa cero quejas, cero excusas y cero culpas.

Marco Ayuso.

Los 6 casos acontecidos en un poco más de un  mes, aproximadamente, en centros escolares mexicanos,- atribuibles a fenómenos , mal llamados, de “histéria colectiva” o “retos virales”-, solo demostraron lo vulnerables que son los hijos cuando entran a los centros escolares y quedan-de la puerta para adentro-, expuestos a “todo” (bullying, acosos sexuales, discriminaciones, incitación a las adicciones y hoy, intoxicaciones colectivas), sin que en la mayoría de los casos las propias autoridades y docentes den,  cuando menos, explicaciones bien fundamentadas al respecto.

Los primeros casos, poco publicitados. Uno, fue en la comunidad de Tapachula, Chiapas, el 23 de septiembre pasado, en una escuela secundaria federal no. 1 situada en la frontera con Guatemala, en donde una fuga de gas intoxicó a decenas de niños que presentaron síntomas tales como: mareos, vómitos, desvanecimientos, etc.  Por fortuna, sin saldo trágico qué lamentar. De este caso no se supo mucho sobre pruebas o exámenes. Dos, el caso de siete alumnos de telebachillerato de la colonia rural Feliciano Renaud, suscitado 8 días antes, que presentaron los mismos síntomas[1].

El tercer caso, si publicitado. El 8 de octubre de 2022, 110 adolescentes -entre 13 y 15 años-, estudiantes de la escuela “Juana de Asbaje” de la comunidad Bochil, un pequeño pueblo de los Altos de Chiapas, terminaron en el hospital después de presentar convulsiones, dolor de estómago y mareos e incluso algunos sufrieron desmayos. De inicio, se consideró como intoxicación alimentaria, pero cambió el pronóstico cuando algunos padres, – en tres casos, con pruebas particulares-, confirmaron que se trataba de intoxicación por cocaína. Y aunque la Fiscalía de ese estado, argumentó que después de 56 pruebas toxicológicas, el resultado dio “negativo a drogas de abuso”, la realidad es que existe en el fondo la resistencia a aceptar o reconocer que pudiera existir la presencia de drogas – no por abuso – pero sí por hechos que sugieren la posibilidad de que existiera alguna sustancia tóxica en el agua o alimentos (droga o cualquier otra materia) que lo desencadenara. Y es que, una segunda hipótesis lo hace suponer- por los comentarios de los mismos adolescentes-, al expresar estos, que tomaron agua de los recipientes que la propia escuela les proporciona y que después de ello empezaron a padecer los malestares.

El cuarto caso. Fue el 11 de octubre en la misma escuela secundaria federal no. 1 de Tapachula con 18 afectados. El malestar se manifestó en los adolescentes después de haber consumido agua y alimentos en el centro escolar. Es decir 4 casos en Chiapas en menos de un mes.

El quinto caso. Fue en Álamo, Veracruz, el 18 de octubre, en la escuela secundaria Técnica no. 67 donde 36 estudiantes fueron hospitalizados, y los síntomas, los mismos: dolor de cabeza, náuseas, irritación en la garganta, incluso desvanecimientos. En este caso la intoxicación fue atribuible a algo que fue evidente. Según los comentarios coincidentes de los alumnos, aseguran haber visto en la explanada de la escuela, -donde se realizaba un acto cívico-, una nube “como de gas” y la presencia de un olor propio de este, y ello pudo ser lo que provocara la intoxicación. Sin embargo, es lamentable que se desestimara el hecho, pues de acuerdo con algunas versiones oficiales, los síntomas fueron producto de una “histéria o psicosis colectiva”, argumento, que se da sin tener conocimiento siquiera de lo que son estos fenómenos.

El sexto caso, fue en el estado de Hidalgo, el 24 de octubre pasado, 26 jóvenes del COBAEH de Mecatlán, Yahualica, resultaron intoxicados y el gobierno de ese estado argumentó que se habían realizado exámenes toxicológicos y que el resultado había sido negativo a sustancias dañinas, pero, con el agregado de argumentar que era atribuible también a un “reto viral”, es decir a un juego de las redes sociales. Versión que choca con la de algunos padres de familia, que no aceptan la hipótesis del reto viral, y que piensan que no se quiere enfrentar la realidad, aceptando que pueden ser hechos provocados para generar temor o terror dentro de los centros escolares, es decir, no querer aceptar que pueden ser casos de terrorismo.

Pero sea una cosa u otra, el no unificar criterios entre gobierno, autoridades educativas, padres de familia y alumnado, denota una absoluta irresponsabilidad al eludir el tema, desviar la atención o simplemente minimizar los hechos, no llegando al fondo de las causas que los ocasionan.

Pero lo anterior también nos debe llevar a aclarar algunos conceptos. Empezaré por los términos “psicosis o histéria colectiva” y “retos virales en redes”.

En el caso de la psicosis o histéria colectiva. Por principio no hay que confundir un término con otro. La histeria es un trastorno psicológico enmarcado dentro de las neurosis. Un paciente histérico presenta síntomas físicos y psicológicos y se caracteriza por una exageración de la sugestionabilidad, de ahí sus manifestaciones funcionales de naturaleza orgánica (trastornos sensoriales, parálisis, catalepsias, crisis nerviosa) y psicológica (mitomanía, alteraciones del sistema nervioso). En la antigüedad, los trastornos de histeria eran asociados a las mujeres principalmente, se tomaba como una “sensibilidad neuro-vegetativa femenina”.

En el caso de la psicosis, es el conjunto de alteraciones mentales que generan en un individuo, desequilibrios en la percepción de la realidad, -perdiendo contacto con ésta-, haciendo que su estado de inconsciencia, le produzca dificultades severas en la percepción, pensamiento y conducta.

En los casos de lo que sucedió en Chiapas, Veracruz e Hidalgo, por supuesto que no se puede hablar, ni de histeria y menos de psicosis colectiva. Porque estos trastornos son adjudicables a las alteraciones de sujetos en sus comportamientos individuales y en todo caso el mal utilizar estos conceptos solo puede ser atribuirle al uso común que se les da. Es más real, que se pudiera tratar de un caso de “estrés colectivo”. Y este fenómeno no aparece “por arte de magia”, ya que siempre habrá algún evento -físico o contextual-, que en el ambiente lo desencadene.

El estrés colectivo es una reacción o respuesta de distorsión de la realidad en masa. La masa (gente o multitud), puede llegar a padecer síntomas físicos y psicológicos. Físicos como ansiedad, mareos, desmayos; y psicológicos, como distorsiones cognitivas e ideas irracionales que provocan indefensión, miedo o terror, pero siempre existirá un predisponente -medioambiental o social-, que provoca esa reacción en masa y que lleva a esta a presentar la sensación y percepción de que existe una amenaza inminente. En estos casos, las causas o amenazas coinciden en tres de los 6 casos, la presencia de gas, y en los otros, la posibilidad de: estar contaminada el agua o en los propios alimentos (pudiendo contener alguna sustancia dañina o enervante), que derivó en una intoxicación colectiva. Es decir, no existió una idea irracional, ni tampoco presión social antes de los síntomas;  y no lo fue, porque los chicos aseguraron que hubo una influencia por algo tangible y algunas pruebas así también lo demostraron.

Respecto a los “retos virales”, -que se le atribuyó como causa de la intoxicación en la escuela del estado de Hidalgo-, es un tema que, he tocado en otros momentos en mis escritos. Lo hice cuando hablé de los famosos Tiks Toks-aplicación para crear y compartir videos cortos-, y el daño que causan al viralizarse en las redes. Los retos virales, son juegos “perversos” que se dan en dos etapas: uno, para generar competencia entre los jóvenes; y dos, que, al ser grabados y compartidos en las redes sociales, son motivadores de la aceptación y reconocimiento de su grupo o comunidad, lo que se vuelve adictivo. La gravedad del problema estriba que ello puede ser una trampa y, el riesgo es alto, porque los niños o jóvenes pueden ser influenciados hacia prácticas nocivas, que los lleven a provocarse daños en su persona o en casos extremos, les pueda causar la muerte. Las razones argumentadas, de atribuirlo a retos virales, solo es un pretexto para eludir el problema de fondo y no enfrentar la realidad.

En síntesis, lo que esta sucediendo en las escuelas -no son problemas menores-, y ello debe ser motivo de verdadera preocupación, para los padres, los directivos de los centros escolares y para el gobierno a través de su sistema educativo.

Ello obliga a: 1) realizar las investigaciones pertinentes para llegar a las verdaderas causas que derivaron esos hechos; 2) a extremar las medidas en las escuelas para evitar cualquier evento que pueda poner en riesgo la salud y la vida de los educandos y a fomentar la orientación preventiva a padres e hijos, particularmente en escuelas situadas en comunidades indígenas; 3) que los padres de familia se obliguen a estar pendiente de sus hijos en los contextos escolares y en los grupos con los que conviven, principalmente , que estén alertas del uso que hacen estos de las redes sociales, así como, cuidarles de las amistades que observen sospechosas o peligrosas, de sus prácticas y hábitos nocivos que adquieren en el contacto social, de su desempeño escolar  y sobre todo, de preocuparse de inculcarles valores morales y sociales, desde el hogar, para que sus hijos eviten buscar fuera de sus núcleos, lo que no reciben en los mismos: amor, respeto, disciplina, comprensión, atención y reconocimiento.

Gracias y hasta la próxima.

 

 

 

 

[1] https://www.milenio.com/estados/chiapas-reportan-caso-menores-intoxicados-tapachula

 

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