El título de esta entrega es el mismo de una novela ligera de la escritora sueca Camilla Läckberg, conocida por su producción en el género negro.

Sin abandonar las características de la novela negra, Camilla Läckberg nos ofrece un texto con los cánones del género negro, que además es una novela feminista.

Con una técnica sencilla que intercala secuencialmente las historias de tres mujeres que padecen distintos abusos por parte de sus maridos, l@s lector@s poco a poco van conociendo  la historia de Ingrid una experiodista confinada como ama de casa y madre con un marido infiel que ha logrado cierta fama en la misma empresa donde solía trabajar Ingrid. Un conquistador profesional que miente cada vez peor a medida que conquista mujeres más y más jóvenes deslumbradas por la fama del periodista y su pose de conocedor. El típico intercambio de dinero, fama y poder por cuerpos jóvenes y caras bonitas.

La narración de la infidelidad de Tommy recuerda la historia de Monique, la protagonista de La mujer rota de Simone de Beauvoir, actualizada quizá a este mundo globalizado y cibernético. En el fondo, Lackberg nos muestra que algunas cosas no cambian en el ser humano: la desolación y el corazón sangrante de una esposa al comprobar que la persona con quien hizo el acuerdo de una vida en común, lo único que pudo ofrecer fue un compromiso traicionado, la confianza rota, la negativa a afrontar una situación quizá no deseada y optar por instalarse en la comodidad de una doble vida que sólo satisface al hombre, pues muy primer mundo, y muy suecos, pero Ingrid queda relegada al cuidado de la hija y de la casa, con una diferencia grande respecto a Monique, ya que Ingrid abandonó su carrera de periodista tanto para convertirse en ama de casa como dejar crecer profesionalmente al marido infiel. Doble afrenta y doble dolor.

Victoria, una joven rusa “rescatada” de un futuro incierto para encontrarse con la certeza del abuso sexual, físico, psicológico y económico, entre otros, de Malte, su esposo. La correa que ata a Victoria no es el lazo matrimonial sino la amenaza de ser regresada a su natal Rusia, una vida que por lo visto no es nada envidiable. Por eso su madre le aconsejó que se casara con un sueco. Esta decisión “afortunada” duró muy poco. Victoria se convierte prácticamente en una esclava de su marido cuya crueldad y sordidez para relacionarse con su esposa va en aumento..

Birgitta, la protagonista de la tercera historia, es una maestra de escuela con un matrimonio aparentemente estable y normal. La entrada a la casa revela que Birgitta y su marido criaron a dos hijos que aprendieron del padre a no respetar ni tomar en cuenta a la madre, lo que no hace que deje de amarlos. No es esa la mala noticia, lo es la violencia física que ejerce el marido en contra de Birgitta repetidamente y cada vez con más saña. Inexplicablemente, Birgitta ha permanecido en esa relación violenta, quizá porque nunca se volvió en contra de los hijos.

En algún momento las tres historias se cruzarán y el desenlace inesperado, como el que se espera en el género negro llegará.

Así como he leído reseñas elogiosas, también se le critica a la autora porque la novela “no está a su altura”. Escribir novelas ligeras, con una estructura probada no es un pecado. Y en este caso, no lo considero, en modo alguno, un yerro, al contrario. Es una novela que comunica contexto y situaciones que parecían erradicadas.

Se aprecia, como hace muchas décadas, que los roles en el matrimonio son distintos y el más pesado se le asigna a la mujer. Si bien las estadísticas muestran que las mujeres pueden en la actualidad trazar su destino de manera libre, al ingresar a una relación de pareja y de convivencia marital, generalmente afloran las brechas que hemos arrastrado vergonzosamente. Se pone de manifiesto que en pleno siglo XXI  todavía el sentido de la vida de muchas mujeres depende de otros. La autora, al presentar estas tres historias, se pone en contacto con su público femenino y ese es un acierto mayúsculo. Muestra de una manera cruda y bien narrada, tan bien que uno no desea abandonar el libro, la violencia brutal a la que pueden ser sometidas las mujeres que parecen vivir el “paraíso” matrimonial. No sólo eso, fiel al género negro, Lackberg propone un final también feminista, si bien poco ortodoxo. Imperdible.

@pramirezmorales

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