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ERRAR ES UN DEFECTO COMÚN Y PEDIR PERDÓN ES UNA VIRTUD DE POCOS.

by Luis Alberto Zavala Ramos

El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor.

Confucio 

 

 

Quien no haya cometido errores y no haya recibido enseñanza de ellos, estará expuesta a seguir cometiendo los mismos errores.

De sobra conocida es la frase “Cometer errores es de humanos”, pero lo más importante es tener la disposición de asumir el compromiso de reconocerlos y también corregirlos; pero de conformidad a la educación que se haya recibido, puede ser difícil la admisión de ellos, que, por miedo a perder la autoridad, a las consecuencias, o simple y sencillamente por vergüenza no admitimos nuestros fallos.

No debemos perder de vista, que los errores son básicos en el aprendizaje y que gracias a ellos se potencia la instrucción si se realiza un análisis objetivo y realista. Si nos obsesionamos con los resultados perfectos, y no admitimos un solo error, sin dispensarnos los tropiezos, difícilmente conseguiremos disfrutar del camino y alcanzar la meta deseada.

Tanto nuestros padres, mentores o la misma sociedad, puede llevar a la persona a desarrollar la dificultad del reconocimiento de sus errores. Si el padre o el maestro pone el ejemplo de no admitir sus fallos, o también, si llegan a castigar o avergüenzan al hijo o hija delante de los demás y se burlan de ellos, ese niño o niña crecerá con la probabilidad de reaccionar con miedo, vergüenza o culpa ante el error cometido, lo que ocasionará que recurran a la mentira o bien, a culpar a otros por su propio error.

Esto podrá dar oportunidad a la personalidad perfeccionista, caracterizándose por ser impositivos a sí mismos y a los demás, de estándares poco realistas, con la motivación de evitar u ocultar el error, ante la creencia que, si llega a fallar, a dar a conocer su equivocación, entonces considerará que lo identifiquen como fracasado y pierda el respeto de los demás.

Además de esta personalidad perfeccionista, dicen los que saben en la psicología popular, que al negarse la persona en admitir la posibilidad de cometer un error o fallo, no obstante la complejidad de las tareas, le llaman tener el “Complejo de dios”, siendo Ernest Jones, el primero en aplicar este complejo en su obra: “Ensayos de Psicoanálisis Aplicado”, donde describe dicho complejo como la creencia de que uno es un dios, porque el individuo considera que sus opiniones personales son incuestionables y correctas, caracterizándose además, por ignorar las reglas de la sociedad, pero reclama especiales privilegios para él.

En la historia existen muchos personajes con el complejo de dios, que sumieron a sus seguidores en sus errores, pero al cabo de un tiempo surgió la verdad y tal y como lo mencionó Mahatma Gandhi “Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mucho crea en él”

Conscientes que, como lo indicó Rabindranath Tagore: “si cerráis la puerta a todos los errores, también la verdad se quedará afuera”, es preciso afrontar la culpabilidad del error o equivocación que equivale a crecer de manera exponencial, conscientes que, es de humanos errar y que solo los estúpidos perseveran en el error; el error se debe arrostrar, arrepentirse, enmendarlo y hasta disculparse por haberlo cometido si es necesario, acto que, por lo regular, nadie es capaz de hacerlo; ser proactivo, analizar las fallas y evitar cometerlo de nuevo.

Para muchos el pedir disculpas es un acto de debilidad; inadmisible será para el soberbio, ególatra, narcisista o para quienes padecen del complejo de dios, el perdón legítimo es por encima de toda actitud, la virtud de asumir con valor el reconocimiento de un error realizado y estar dispuesto a corregirlo, a sabiendas que, todos los llegamos a cometer, pero solo los valientes tienen la virtud de reconocerlos, excusarse y enmendarlos.

 

 

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