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Todo parece indicar que la peor tragedia que le ha ocurrido a la humanidad en este 2020 no es la pandemia ocasionada por el Covid-19, sino la humanidad misma. Ante una amenaza, para la que ningún país estaba preparado, que afecta a más de 185 naciones, el saldo hasta el 9 de junio era de 7.1 millones de personas diagnosticadas con Covid-19, de las cuales 3.3 millones se han recuperado y poco más de 407 mil han fallecido, la solidaridad y el trabajo conjunto para luchar contra este invisible pero feroz enemigo no ha sido la constante como se pensaría ante una catástrofe mundial, al contrario, se le ha utilizado de diversas formas para colmar intereses mezquinos.

El Covid-19 ha servido para alimentar agendas personales o de grupo, en las que el bienestar de la gente queda a un lado. Esto es más obvio en algunos lugares que en otros; en ciertos países la lucha política montada sobre la pandemia llega a ser indecente, como ha ocurrido en México.

Una breve revisión de algunos diarios en el mundo, me permiten hacer estas afirmaciones. Veamos lo que retrataron en un día algunos medios escritos sobre sus países.

En Canadá, en general, no surgieron grandes críticas hacia la actuación del primer ministro para controlar la pandemia, y el país goza de cierta estabilidad política, pero han sido objetadas las acciones para reactivar la economía, porque eso sí hay que decirlo,  el empresariado parece ser fauna universal.

“Con una ‘economía en coma’ Trudeau rechaza el llamado a hacer una actualización fiscal para evaluar el impacto de la ayuda por el Covid”

“Ontario y Quebec intervienen tras el fracaso de los planes inmobiliarios de Trudeau” (Notas de The Star).

En Argentina, uno de los países que no ha alcanzado el foco rojo de la pandemia y esperemos que así se quede, pues tiene, a la fecha, poco más de 23 mil 700 casos confirmados y casi 700 fallecidos, la pandemia sólo vino a avivar un contexto político que ya era difícil. El presidente Alberto Fernández sufrió un revés en su intento de expropiar la empresa cerealera Vicentín como parte de las acciones en interés de la economía.

“Diputados de Cambiemos denunciaron penalmente a Alberto Fernández por ‘abuso de autoridad’ por la decisión de expropiar Vicentín” (Infobae).

“Acciones argentinas se hundieron hasta 8.3%: ¿qué pesó más la caída en emergentes o Vicentín?” (Ámbito).

“Las regalías petroleras. Final anunciado: de los US$ 630 millones de los fondos de Santa Cruz, sólo quedan US$ 9,607” (El Clarín).

En Bolivia la crisis es sanitaria, política y social. Un país dividido por el golpe a Evo Morales ahora enfrenta así —polarizada—  la pandemia, que se agrava con la intolerancia social, la crisis económica, el regreso de connacionales y la preparación de comicios para el próximo septiembre.

“Migración reportó el retorno de 9,100 bolivianos hasta la fecha”.

“Ministerio [de Salud] convoca a la unidad y solidaridad”.

“Demandan a dirigentes no politizar casos de contagios en el Trópico” (notas de El Diario).

En Colombia está prendido el foco rojo por el aumento de casos de Covid-19 con poco más de 40 mil 800 casos y cerca de mil 400 muertos. El presidente Iván Duque enfrenta críticas por su cooperación con Estados Unidos y la percepción de que es un ariete para golpear a Venezuela. En ese contexto enfrenta día a día los problemas agravados por la pandemia.

“Cae el cargamento de coca más grande en Colombia en medio de la pandemia”.

“26 indígenas han fallecido por coronavirus y los casos ascienden a 773”. (notas de El Tiempo)

“Duque: no dejaremos de cooperar con Estados Unidos”.

“Duque duda de las cifras de Covid-19 en Venezuela” (notas de CNN).

En Venezuela el panorama es incierto. Si nos atenemos a las cifras oficiales y a la información de los diarios parece el mejor manejo de la pandemia con menos de dos mil 500 casos diagnosticados y 22 fallecidos, pero en un país con control sobre la prensa es difícil creer en esa Disneylandia del Covid-19. En cambio, diarios de países aledaños reportan una inflación de 3,684% en los últimos doce meses. (El Comercio).

Ecuador que fue nota durante algunas semanas por la ausencia de un programa para enfrentar la pandemia y las imágenes dramáticas de la población contagiada o fallecida, está en semáforo amarillo desde hace una semana, lo cual no significa la falta de problemas, como sospechas de mal manejo de recursos, acciones jurídicas contra ciertos personajes y el curso de una pandemia no erradicada.

“Pabón defendió la legalidad de las compras de insumos médicos ejecutadas en la emergencia”

“El PSC alista pedido para la remoción del prefecto de Guayas” [por supuestos actos de corrupción] (notas de El Comercio).

Perú tiene en el coronavirus su situación más riesgosa, por el número de casos, y las consecuencias sociales que esto ha acarreado, no obstante que el número de decesos ha sido de poco más de 5 mil 700. Aunque, como en la gran mayoría de los países el tema político no está fuera, la agenda peruana está focalizada en Covid-19.

“Ministra del ambiente. Muñoz sobre levantar la cuarentena total los domingos: ‘nada está escrito en piedra’”.

“Perú y los países que han superado los 200 mil casos de coronavirus”. (notas de El Comercio).

Brasil padece una grave crisis sanitaria y política debido a la cuestionada actuación de su presidente Jair Bolsonaro. La prensa crítica ha señalado de manera constante que el resultado son los más de 700 mil casos confirmados y más de 37 mil fallecidos.

“Bolsonaro inventa cifras de muertes y contagios de coronavirus”.

“Manifestaciones en todo Brasil repudiaron a Bolsonaro y el racismo”

“En las favelas de Brasil empieza a haber hambre y desesperación” (notas de La Izquierda).

En España, junto con Italia y Francia, uno de los países más golpeados por el coronavirus, la crisis sanitaria exacerbó la disputa política que existía previamente y que incluye a un movimiento que cuestiona la permanencia de la realeza y el costo social que ello significa. Uno de los aspectos que ocupan el debate reciente se refiere a la decisión de no derivar a los hospitales a los ancianos que viven en residencias. No hospitalización a mayores de 75-80 años que determinó la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

“La Comunidad de Madrid también elaboró un protocolo para no derivar a los hospitales a los pacientes domiciliarios”.

“Iglesias y Ayuso elevan el tono de sus ataques por la gestión de las residencias”

“El fiscal suizo que investiga la cuenta del Rey emérito pide las ofertas de la obra del AVE a la Meca” (notas de El País).

Estados Unidos es el foco de contagio más importante de América con más de un millón 950 mil infectados, más de 111 mil fallecidos y, agregó a ello, el corte a los suministros para la OMS. Una movilización social contra el racismo debido a la muerte de George Floyd por brutalidad policial y un presidente que sólo pone oídos a sí mismo. Con una reelección que creía en la bolsa, su tibieza ante la brutalidad policiaca y las declaraciones que tuitea todos los días ya comenzó a generar rechazo en las filas republicanas. La prensa da cuenta de esto todos los días, excepto los medios aliados con el supremacismo blanco.

Esta revisión rápida de la relación entre política y pandemia me lleva al caso de nuestro país. Los políticos que añoran el poder critican el manejo de la pandemia como si no fuera un problema mundial, utilizan cualquier dato negativo o incongruente para intentar “dar la nota”. Se esfuerzan por generar conversaciones en las redes sociales en contra del gobierno. Les asiste todo el derecho a tomar una posición crítica ante las acciones gubernamentales, pero la conclusión a la que desean conducir a quienes los escuchan es que se necesita derrocar al gobierno, lo cual raya, frente a la crisis sanitaria, en una irresponsabilidad mayúscula. ¿Qué ha habido errores? Por supuesto, el ejercicio del poder conlleva acciones impopulares en algunas circunstancias, acuerdos no confesables, pero hasta el momento es el único gobierno que se ha parado frente a la ciudadanía a dar informes de sus acciones y a exponerse al escrutinio, que ha sido tan implacable que no ha podido evitar caer en el ridículo, como ya ocurrió en las conferencias de prensa del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell.

Lo más lastimoso es que vemos a los personajes que desean volver al poder tan inmersos en sus intereses que los afectados por la pandemia sólo son su argumento y no el objeto de su interés.

En medio de la emergencia vemos a la clase empresarial clásica, de caricatura, que no quiere perder las prebendas que obtuvo con gobiernos anteriores y no cesa en su golpeteo.

Y, al final, una ciudadanía inerme entre tantos mensajes confusos que toma partido sin información y sin análisis pero con mucha enjundia, que inunda las redes sociales con denostaciones vergonzosas hacia la figura presidencial y unos opositores tan mezquinos, como el PAN, que no tuvo reparo en pedir a la Organización Mundial de la Salud no incluir en su consejo a López Gatell, sin importar cómo nos haga quedar eso como país.

Tenemos un planeta envirusado que está matando a cientos de miles y vemos una humanidad que sólo ve por su interés inmediato. El virus del individualismo a ultranza que nos inoculó el imperialismo y el ansia de poder como el bien más preciado para ser alguien porque permite obtener poder económico puede ocasionar más muertes que el coronavirus. ¿Lo duda? Revisemos con otra óptica las noticias mundiales, ahora que nos une un virus que no enfrentamos juntos.

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