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Ahora que están al rojo vivo las protestas antirracistas en Estados Unidos, en el longevo programa periodístico de entrevistas en Estados Unidos “The View”,  la actriz Whoppi Goldberg, una de las cuatro conductoras de la emisión, presentó el caso de un joven ciudadano afroamericano de Nueva York cuyo pasatiempo es ir a Central Park a observar aves con unos binoculares. El hombre es egresado de Harvard. En uno de esos días vio que una mujer blanca dejó a su perro sin correa, lo cual no está permitido en esa zona, pues hay lugares del parque donde los perros pueden andar libremente. El hombre le pidió a la mujer que sujetara a su perro y le indicó que allí era una zona restringida para que anduvieran libres los perros, la mujer no hizo caso, el hombre insistió, siempre de manera respetuosa, varias veces. Entonces la mujer llamó al 911 y comenzó a gritar que estaba siendo atacada por un “negro”.

Desde que la mujer comenzó a reaccionar de mala manera, el señor puso a funcionar la cámara de su celular. Llegó la policía y él pudo demostrar que nunca hubo siquiera contacto físico con la mujer, ni agresión verbal, sólo la conminación a cumplir la regla del lugar que era tener sujeto al perro.

La mujer sabía que la raza era un argumento que podía usar a su favor y quizá esperaba que la policía castigara al joven; afortunadamente no fue así, pero la falsa acusación pudo resultar en afroamericano más muerto a manos de la policía y él sólo estaba viendo pacíficamente las aves.

Este caso es muy parecido al que ocurrió en las acusaciones de la senadora panista por Guanajuato, Alejandra Reynoso, contra el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell en la comparecencia que tuvo este con los senadores.

La senadora no le hizo una pregunta a López Gatell, le hizo acusaciones: “¿no le da vergüenza que seamos el país con menos pruebas?”, “¿este fracaso se debe a la inexperiencia, a la falta de planeación o a la soberbia?”, “¿se arrepiente de no haber señalado los errores del Presidente?”, además de que le pidió entregar al Senado un informe detallado de todos los pacientes contagiados por Covid-19 y los diagnosticados por neumonía atípica. La respuesta de López Gatell fue larga, pero en síntesis, le dijo que no está familiarizada con el tema de salud. Al referir las funciones cognitivas del ser humano, interpreto que básicamente le estaría diciendo que si la función básica que es la atención no se pone a funcionar, las otras más complejas estarán sustentadas en una premisa falsa o no aparecen.

La senadora y sus compañeros de partido seguramente no quieren los más de cien mil expedientes de los enfermos para revisarlos minuciosamente. Lo único que desea el PAN es callar a López Gatell porque ha despertado simpatía entre la población y eso le acarrea buena percepción del gobierno a López Obrador. Ese interés político se entiende, pero hubo una reacción realmente sorprendente: no cuestionaron cifras, datos, metodología, procedimientos, estrategia de atención, distribución de hospitales para la atención de contagiados. No, la nota la dio la acusación de misoginia y de violencia política de género.

De una manera menos elegante, propondría a la senadora Reynoso, a Marko Cortés y a toda la bancada del PAN que siguieran la recomendación de López Gatell pero no en el tema de Covid-19, sino en el de género.

Señores senadores panistas, la violencia política de género no está tipificada como delito  por eso es difícil su manejo, pero la Comisión Nacional de Derechos Humanos, instituciones y grupos defensores de los derechos humanos de las mujeres han hecho acercamientos conceptuales que pueden ser operativos. Atención (la primera función cognitiva): Según la CNDH “La violencia política contra las mujeres comprende todas aquellas acciones u omisiones de personas, servidoras o servidores públicos que se dirigen a una mujer por ser mujer (en razón de género), tienen un impacto diferenciado en ellas o les afectan desproporcionadamente, con el objeto o resultado de menoscabar o anular

sus derechos político-electorales, incluyendo el ejercicio del cargo”.

En qué momento esta definición se acerca a lo que contestó López Gatell, en ninguno. La respuesta no iba dirigida a removerla del cargo (como sí han pedido los panistas para López Gatell).           Decirle a una persona que desconoce un área o una especialidad no es violencia. De hecho, me encanta una afirmación que hace Gabriel Zaid en “Leer en bicicleta”. Tenemos una idea equívoca de la cortesía, pues mucha gente no entendería lo sumamente cortés que puede ser decirle a alguien “Por favor, no seas pendejo”. Senadores del PAN, por favor vayan al diccionario y busquen las palabras predicción y estimación. Así entenderán las bases de la predicción estadística.

Tienen razón, López Gatell usa herramientas matemáticas no bola de cristal, las cifras no pueden ser exactas. También les asiste la razón en que hay más fallecimientos de los esperados, pero sólo vayan a la calle y comprueben que andan paseando, no sólo los que necesitan trabajar, sino los que no “creen” en el virus, como si fuera una cuestión de fe.

Pero volvamos al tema de género. Suponiendo que la bancada panista realmente defiende los derechos de las mujeres. Una pregunta sencilla, ¿qué hicieron para sancionar a su correligionario Ismael García Cabeza de Vaca cuando fue sorprendido por un reportero en el salón de sesiones, en septiembre de 2018, cuando chateaba y bromeaba sobre servicios sexuales. “Pásame el cell del padrote no seas gacho ya me la quiero zumbar” le dice su interlocutor. “Ya somos dos” le responde el senador y agregó la foto de una joven. Morena turnó el asunto al jurídico para que determinara si había sanción para el senador. García tuvo que ofrecer una disculpa pública. Sus correligionarias lo defendieron. Si, las mismas senadoras que ahora dan alaridos y acusan a Hugo López Gatell de misógino.

Al senador García no lo sancionaron sus pares panistas, al contrario lo defendieron, en cambio Marko Cortés anunció dos demandas en contra de López Gatell por violencia de género, no obstante que el mismo García admitió en un tuit de disculpa haber sido misógino. Por más que busqué, no encontré ninguna declaración de la senadora Reynoso en contra de su compañero de bancada.

Tampoco la hubo el martes pasado, cuando las comisiones de Justicia y Salud Pública del congreso de Guanajuato, estado por el que es senadora de representación proporcional Reynoso, declararon “inviable” la aprobación de la propuesta para interrumpir el embarazo antes de las doce semanas. Allí no fueron importantes los derechos de las mujeres. De muchas mujeres, no sólo los de una senadora, que por cierto, nunca fueron vulnerados.

Todavía más, en apoyo a su compañera, la senadora María Guadalupe Murguía, para dar énfasis a la protesta de los senadores afirmó “yo estimo que él creyó que estaba en una mañanera” (¡!), es decir, ¿resulta más grave si se ofende a una senadora que a una reportera? La misma línea de pensamiento de Fox cuando dijo que esos trabajos (los que hacen los mexicanos en Estados Unidos) no los quieren ni los negros. Es decir, una persona puede ejercer violencia contra las mujeres, pero no contra las senadoras.

Los panistas que se aliaron para acusar a López Gatell de misógino y de violencia política de género, y en especial la senadora Reynoso, son la misma estampa de la mujer con la que comencé esta reflexión. Esa mujer del parque sabe que será escuchada si dice que la ataca un negro, aunque esa persona le esté diciendo educadamente que cumpla las reglas del parque. Ellos sabían que “tendrían prensa” si acusaban a López Gatell de violencia de género. Como feminista, me preocupa y me ofende que personas de un partido que ha sido contrario a los derechos de las mujeres banalicen un hecho cuya visibilización ha costado tanto trabajo a los grupos defensores de los derechos de las mujeres. Que griten “ahí viene el lobo” cuando no conocen al lobo. Que se monten en un discurso falsamente feminista para obtener un pequeño triunfo político sobre su oponente, que no es López Gatell sino el gobierno de López Obrador. Actuar de esa manera es ofensivo para los hombres y mujeres que verdaderamente luchan por el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

Su victoria fue pírrica, López Gatell, con la misma mesura con que habla siempre, le ofreció una disculpa a la senadora Reynoso. Ella, muy linda y con una generosidad fuera de serie la aceptó. La única diferencia con la mujer del perro, es que a esta la despidieron del trabajo y la Sociedad Protectora de Animales le quitó al perro. Reynoso sigue de senadora, quizá maquinando cómo hará su siguiente llamada al 911 para que castiguen a la 4T.

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