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Los zopilotes de Pepe

by Édgar Hernández

¡Cierto!

Bien se dice que cuando el niño nace bonito todos quieren ser padrinos.

Llama la atención la bufalada que, de manera desmesurada de la noche a la mañana se desboca en torno al aspirante Pepe Yunes tras posicionarse ante la ciudadanía rumbo al 2024.

Su experiencia política, confiabilidad, honestidad e imagen pública en su lucha en favor de los veracruzanos desde su posición de representante popular, aunada la crisis que vive Morena en el marco de la pelea muerte entre sus tribus por esa necedad de imponer a la zacatecana Rocío Nahle, lo han disparado a las nubes.

En paralelo las condiciones político-partidistas que se mueven en su favor al iniciar el proceso de renovación del Comité Directivo Estatal del PRI, así como la disposición de los partidos PAN/PRD/MC decididos a apostar por la alianza, ya empezaron a arrojar los primeros indicios.

Todo ello ha provocado la tan singular como característica avalancha en donde los buenos, los malos y los feos, le apuestan fervorosamente a Pepe con el “¡Siempre lo dije!”.

Dan la vida por él.

Todo les urge. Le proponen fórmulas ganadoras. Se erigen en magos de la política y amos del mercado propagandístico… ¡Todo gratis! (Bueno, eso dicen).

Hoy observamos a un aspirante con una agenda saturada de compromisos quien solo observa, mide y evita caer en falsos escenarios, sueños de opio, apresuramientos innecesarios o pronunciamientos que estigmaticen.

“Primero el programa luego el hombre como bien apuntó Jesús Reyes Heroles”, parafrasea a modo de contención.

Sabe, bien sabe, que el camino aun es largo y sinuoso; que tiene que librar hachazos por venir; hacer coincidir sus aspiraciones con las dirigencias nacional y estatal de su partido; llegar a un acuerdo nacional con la alianza “Va por México” y, lo más importante, consensuar con la ciudadanía la necesidad del cambio a través del voto.

A los de aquí los conoce, sin embargo, con los que traen el proyecto nacional de rescate de la república, tiene que invertir horas de diálogo y sumarse a la urgencia de rescatar la cuarta reserva electoral nacional, ello ahora que particularmente el foco de atención comicial se centra en 9 plazas del país para poder arroyar a Morena.

Desde luego que, regresando a la memoria, para Pepe no deja de ser contrastante el 2018 con el 2024.

Recordar a quienes, en aquel entonces, le juraron amor eterno y que al momento de ver la desventaja ante el alud del “Efecto Peje” migraron (no para siempre sino a conveniencia) bajo el signo de “Muerto el Rey… ¡Viva el Cui!”.

Los que vieron la caía en vertical sin echarle un lazo, hoy salen de ultratumba.

Reviven los que simple y llanamente se hicieron pendejos. Los que voltearon para el otro lado y escogieron como tabla de salvación y supervivencia el Partido Verde o irse a Morena pensando en retener el hueso para que final del camino, tras el triunfo chairo, ¡ni las gracias les dieron!

Eso lo entiende bien quien hoy eventualmente podría ser el candidato de la Alianza.

Hoy Pepe tiene la piel más acerada.

Conoce a los personajes de la política de la aldea y sus alcances y, lo más interesante, es que está dispuesto, sin rencores -porque así es la política- a abrir la puerta, a darles el paso.

Que si traen el control de las masas o que si son dueños del voto corporativo; que si se abrogan el liderazgo de los jóvenes y mujeres, que si le garantizan el sufragio de los campesinos y pesadores -no de ilusiones-, todos son bienvenidos.

Toda esa rancia clase política con olor a naftalina, es bienvenida.

Ellos, al igual que las clases medias y fifis que le muestran sinceridad, apoyo y lealtad, los académicos e intelectuales y la burocracia tienen el agradecimiento del aspirante.

Pepe Yunes sabe que en estos momentos todo suma, que quien decide es la ciudadanía y que es posible que se registre una inédita votación que cambie el curso de la historia de Veracruz.

No pelear y sumar, son las consignas.

Y es que, para comer pollo a la cacerola, primero hay que tener el pollo, la cacerola ya está lista… en el fuego.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo

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