Esta elección que muchos calificaban de “histórica”, la verdad no dio grandes sorpresas, excepto la CdMx que dejó de ser de izquierda. Se trata de la población quizá más politizada donde se concentran los ciudadanos que reflexionan mejor su voto. Por quién voten después de la reflexión es otro asunto. Como es tradicional en la política, culparán a Claudia Sheinbaum de este descalabro, pero no fue el accidente del Metro, en una línea 12 que le dio chamba al diputado Jorge Gaviño, quien, empujado por Nueva Alianza cuando era asambleísta, se hizo director del Metro por sus persistentes críticas a Joel Ortega y a Miguel Ángel Mancera. Tuvo el cargo de julio de 2015 a marzo de 2018. Todavía es un misterio lo que hizo en ese tiempo en la línea 12, pero ahora todos se van contra Sheinbaum. No se descarta que haya habido omisiones después de los sismos. Paradójicamente, todo indica que la delegación Tláhuac la ganó Morena.

Curiosamente, los “analistas” que han salido a dar luz sobre lo que pasó en la elección de la Ciudad de México, no mencionan a la marea verde, al movimiento feminista que se sintió muy ignorado por la administración federal. Fue en la capital del país justamente donde ocurrieron las marchas más intensas y violentas, la cual, por cierto, no es equivalente, con ninguna medida, con la violencia que vivimos las mujeres.

La Ciudad de México acusó recibo del desaire a las mujeres, del saludo a la mamá del Chapo, del no uso del cubrebocas presidencial y de las estampitas. Fue un voto emotivo, porque sabemos bien que ni PAN ni PRI concuerdan con la exigencia de legislar a favor de la interrupción legal del embarazo. También fue resultado de la sobreexposición presidencial.

Los opositores desataron una campaña virulenta atacando los problemas económicos como si la pandemia mundial no existiera. Se dijeron mentiras viles y la campaña en redes que tiene a su mayor número de usuarios en las zonas más urbanizadas rindió frutos. También los bots.

Respecto a lo que ocurrió en el resto del país, resulta que todos los partidos resultaron “ganadores”, pero en sus primeras entrevistas lo que destacaron, por ejemplo el presidente del PAN, Marko Cortés fue que “Morena retrocede y no tiene la mayoría calificada (…) y ese es el gran logro de esta elección del 6 de junio”.  ¿Excuse moi? ¿El PAN no estaba compitiendo para ganar votos sino para quitárselos a Morena? Alejandro Moreno Cárdenas, presidente del PRI, habló de sus avances, de la “una recuperación importante del bastión del partido oficial en la Ciudad de México” y “detuvimos a Morena en el Congreso”. Esa fue la campaña, no decir lo que ofrezco sino desprestigiar al otro.

Mario Delgado habló de lo que ganó Morena respecto de 2018 y, sin duda avanzó, sólo hay que ver el mapa y su división en partidos gobernantes después de esta elección. Admitió la derrota en la Ciudad de México. Señaló, a diferencia de los otros entrevistados que Morena y sus aliados tienen mayoría en el Congreso, lo cual garantiza la permanencia de muchos programas.

La presidenta del Partido Verde, Karen Castrejón Trujillo, es la quinceañera de la fiesta y se pavonea frente a los jugadores que le pueden presumir y seducir con las canicas ganadas en esta justa.

A Jesús Zambrano no se sabe si no lo quisieron entrevistar porque era crueldad innecesaria o él no aceptó dar declaraciones. Este partido apenas sobrevivió y con toda seguridad lo que ocurrió es que pagó su aventura romántica con partidos históricamente e ideológicamente antagónicos al PRD, como el PRI y el PAN.

La notas periodísticas hablaron de los partidos nacionales y locales que pueden perder el registro, pero todos olvidaron mencionar que cumplieron con su cometido: fragmentar el voto para atacar a Morena. Tarea que también se asignó a los independientes que sólo aportaron 41,882 votos.

Un contrincante verdaderamente fuerte que tuvo el partido en el poder fue el del voto nulo, votos que ya hubieran querido los independientes o los nuevos partidos: 3.41% de la votación con 1,613,559. ¡Qué envidia de votos!

Lo que es no tener sentido periodístico. Nadie entrevistó en televisión nacional a Lupita Jones que quedó en tercer sitio en la elección de Baja California con una votación que apenas rebasó el 11%. Voto mata carita.

Tampoco a Paquita la del Barrio que no logró ni el 10% de la votación en el distrito VIII, donde quería ser diputada. A lo mejor tomaron revancha las ratas de dos patas.

Luis Armando Lozano que ambicionaba la alcaldía de Paso de Ovejas, Veracruz tuvo 88 votos, probablemente los ciudadanos que eran sus fans en La Academia; no se sabe todavía si fue eso o que pretendía colocar en el DIF a Laura Bozzo. El PES quizá ya se apresta a hacer sus focus group para dilucidar esta derrota.

.La mejor nota de color en esta elección la ofreció el actor Alfredo Adame, quien sólo obtuvo un voto para la alcaldía de Tlalpan. Todavía puede esperar que en los datos finales aparezcan por ahí los votos perdidos de su familia o sus colegas actores. ¡Ese menosprecio sí que debe doler!

Hubo 23 candidatos a alcaldías que no tuvieron un solo voto. Zero. Pero no son famosos, así que ahí no hay nota.

Y los ciudadanos nos quedamos mudos, porque las declaraciones presagian que los próximos tres años ese “congreso plural” seguramente no trabajará a favor de las mujeres, de la salud, de la reactivación económica después de la pandemia. Serán otros tres años de guerra feroz contra Morena porque, lo admitan o no, no sólo tiene la presidencia sino que gobernará más de la mitad de las entidades y los operadores políticos saben perfectamente lo que eso significa. Espero que deba retractarme en 2024.

@pramirezmorales

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