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No señora Verónica Aguilera Tapia, no me voy a retractar de la opinión que tengo de usted, antes bien la ratifico

 

Verónica Aguilera Tapia, exdirectora del DIF Estatal, se molesta por la opinión que este periodista tiene de ella; se molesta porque en un artículo de opinión un servidor dijo “que Verónica Aguilera Tapia llegó al DIF Estatal, a robar, a meter mano del presupuesto, a enriquecerse”. Habría que decirle a la exfuncionaria del gobierno de Cuitláhuac García que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos respalda dos puntos importantes sobre la libertad de expresión:

(1) Nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones.

(2) Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Lo único que hice fue expresar mi opinión sobre una funcionaria pública. Pero Verónica Aguilera se siente impoluta, y cree que la opinión de un servidor es un caso raro, pues de ella y de su trabajo como servidora pública todo mundo tiene la mejor opinión. Dice Verónica Aguilera: “Soy una mujer honesta y trabajadora, en toda mi carrera en el servicio público, me he conducido con probidad y mi encargo en el DIF estatal no fue la excepción”.

La exfuncionaria del DIF se debería preguntar cómo fue posible que el periodista Armando Ortiz tiene tan mala opinión de ella. Un periodista no sólo informa, también opina, y su opinión a veces se basa en la información de otros medios o en la opinión de otros periodistas más avezados que uno. Aquí le anotamos a Verónica Aguilera Tapia, algunas de las opiniones que nutrieron mi criterio y que forjaron esta opinión negativa que todavía guardo de ella:

Arturo Reyes Isidoro: “La mujer mostró el cobre desde un principio cuando llegó al DIF rodeada de una verdadera pandilla de personas con pésimos antecedentes no con la intención de cumplir un verdadero trabajo de asistencia social sino de utilizar la institución para sus fines personales. Por ejemplo, recuerdan que a una trabajadora la obligó a renunciar, pero como no aceptaba, ordenó que la encerraran durante ocho horas no obstante que estaba embarazada. En la Comisión Estatal de Derechos Humanos se han presentado dieciséis denuncias por los abusos, aunque no se sabe que se haya actuado”.

Bernardo Gutiérrez Parra: “La bronca es que al parecer dejó un estercolero de corrupción y malos manejos; entre ellos un subejercicio de más de 730 millones de pesos y un presunto desvío por más de 400 millones. Es decir, un fenomenal fraude por 1,130 millones de pesos que hacen palidecer los 200 millones que presuntamente se escamoteó Karime Macías”.

Edgar Hernández: “Eso es lo que usted cree. Quienes en realidad manejan los mil 300 millones de pesos de presupuesto tras bambalinas, son Ruz y la pareja sentimental de Verónica Aguilera, Oscar Lara”. (Palabras de Martín Lozano, exirector de Administración del DIF invitado por Verónica Aguilera a colaborar).

Edgar Hernández: “Así se las gasta el DIF. Así se gasta los mil 300 millones de presupuesto anual, en transas, en banalidades, en lujos desmedidos, en sobre aguinaldos, en la compra de leche con cucarachas, desayunos sin control de calidad y láminas a sobre precio”.

Nota de Francisco de Luna: “Malos tratos, prepotencia, así como la aplicación de descuentos injustificados son algunas de las acciones que practica la directora del DIF Estatal, Verónica Aguilera Tapia, denunciaron de manera pública los trabajadores sindicalizados”.

No señora Verónica Aguilera Tapia, no me voy a retractar, mantengo mi opinión sobre usted y puede proceder como le venga en gana. Si desea que me retracte, redímase; dele ese gusto a su familia. Cambie su proceder y deje las amenazas, acción vil que sólo ratifica la clase de persona que usted es.

Antes bien, un servidor sí podría proceder contra su persona, pues usted dice: “Basta, que detrás de la pluma, se esconda alguien que dicte lo que se debe redactar obedeciendo por encargo o, a una jugosa recompensa o, a los intereses particulares de alguien que puede sentirse amenazada o amenazado por mi trabajo”.

Respóndame, ¿quién está detrás de mi pluma? ¿Tiene pruebas de las jugosas recompensas que recibo?

Deje de hacerse la víctima y deje de avergonzar a esa familia a la que dice usted que yo agravio, cuando en realidad es usted, con su proceder, la que les está haciendo daño.

Atentamente:

Armando Ortiz

Director de Libertad bajo Palabra

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