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El 10 de septiembre se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, fecha que se promueve , desde el año 2003 por parte de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, con la finalidad de hacer consciencia de la necesidad de reflexionar y atender los factores que propician este hecho y, sobre todo, el dar a conocer que el suicidio se puede prevenir si se actúa a tiempo. Y qué mejor que tocar este tema en esta etapa complicada que vivimos en el presente año, para reflexionar sobre las consecuencias en la población.

El suicidio , es el acto deliberado de quitarse la vida, que ejecuta una persona motivado por diferentes factores, y aunque los estudiosos del tema consideran que siempre se realiza el acto de manera consciente,  la realidad es que también puede deberse a la condición semiconsciente de quien lo ejecuta. Consciente,  cuando la persona premedita el acto,  racionalizado el daño y en base a ello toma la decisión. Semiconsciente, cuando la persona por razones de inmadurez (carencia de fortaleza emocional para enfrentar las situaciones problemáticas como es el caso de niños o adolescentes)  o de alteraciones conductuales, psicopatologías o por consumo de alguno estupefaciente,  no dimensiona las consecuencias o no sabe salir de su vacío, definiendo su decisión.

El suicidio puede llegar a ser un problema de salud pública y más en situaciones como las que nos ha remitido la presente pandemia. De acuerdo a estudios de la UNAM,  México como país, tiene una situación muy frágil en su población en lo que respecta a salud mental, lo que eleva la probabilidad de que durante esta etapa de prolongado confinamiento y el tiempo posterior a esta crisis de salud y económica principalmente, se esté elevando el índice de personas ansiosas y depresivas, que aunado a otros predisponentes o factores motivadores,  haga propicio que éstas busquen alternativas como el poner en riesgo la vida, incluso quitársela, como una forma de fugarse del martirio en que se vuelven los problemas al no saber enfrentarlos. Y justamente son los jóvenes y los ancianos,  las poblaciones más vulnerables de cometer estos actos.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hogares (ENH, 2017) del INEGI, los mexicanos entre 20 y 24 años ocupan la tasa más alta de suicidio en el país: 9.3 por cada 100 jóvenes. Y de ese grupo la población con mayor riesgo son los hombres con una taza de 15.1 por cada 100 mil. Igualmente, las propias cifras nos indican que el suicidio es la segunda causa de muerte en la población de 15 a 29 años.

 

En 2017, los 98.3 millones de personas mayores de 12 años en el país, 54.35 millones presentaban alguna sintomatología como preocupación, nerviosismo incluso depresión,  derivado de cambios generales sociales y políticos que alteraban los estados emocionales. Y de esa cifra solo 2. 85 millones declararon que tomaron medicamentos como ansiolíticos a fin de reducir o controlar los sentimientos depresivos o de ansiedad.[1] Lo anterior demuestra que existe una total desinformación sobre el tema y que son pocas las personas que recurren a los especialistas en busca de ayuda , prefiriéndose dejar pasar el problema, lo que empeora el panorama.

El suicidio como muchas de las psicopatologías,  es un problema que debe ser atendido por el sistema de salud, tomando con más seriedad no solo la salud física, sino la salud mental y emocional, porque hasta hoy no se le ha dado la importancia que merece y, el fenómeno aumenta cada año. Para 2018 el número de suicidios en el país fue de 6808 y el mayor porcentaje recayó en la población joven, distribuyéndose así: 1029, menores de 19 años (229 entre 10 y 14 años y 800 de 15 a 29);   entre 20 y 29 años, 1925 (1025 entre 20 y 24 años y,  890 entre 25 y 29 años).

En el Estado de Veracruz, en el año 2017, la posición que ocupaba este problema era la del penúltimo lugar nacional con 2.6 por ciento por cada 100 mil habitantes. (Inegi, 2017) [2]. Pero el problema se dejó crecer y lamentablemente para el año 2019 en el mes de septiembre, la Coordinación para la Prevención de las Adicciones y Conductas Antisociales de la Secretaría de Educación de Veracruz en voz de su titular, anunciaba que nuestro estado ya ocupaba el 4º lugar nacional en número de suicidios[3] , contrastando con la posición que ocupaba 2 años antes.

Lo que significa que en nuestro estado existen predisponentes diversos que han permitido que el problema se haya agravado en tan poco tiempo. En lo que va en 2020, aunque no se reportan aun cifras oficiales, sí se tiene reportado, que de abril a junio del presente se han presentaron 6 casos en el estado, con un diagnóstico depresivo derivado por problemas económicos y casos de contagio de Covid. Los lugares donde se presentaron son el Puerto de Veracruz y la zona de Orizaba-Ciudad Mendoza.

Las causas del suicidio son multifactoriales , pero mencionaré las más frecuentes: trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad, depresión, consumo de drogas o de alcohol, trastorno de estrés postraumático.(TEPT) , esquizofrenia, historial de abuso sexual, físico y emocional, cuestiones financieras severas,  fracasos amorosos y frustraciones en proyecto de vida, no ajuste en las relaciones interpersonales, etc. [4]

La persona con ideas suicidas busca alivio a alguno de los siguientes problemas: a) muerte de un ser querido o ausencia del ser amado; b) sentimientos de victimización: c) sentimientos de rechazo , pérdida o soledad; d) sentimientos de vergüenza, culpas o carga para los demás; e) desesperación por no encontrar salida a problemas económicos, o de frustración por fracasos.

Pero hay personas que también se sienten afectadas por otros factores como: 1) pérdida de empleo y de oportunidades; 2) envejecimiento e inutilidad; 3) traumas por pérdidas, accidentes, mutilaciones físicas.4) trastornos psicopatológicos.  5) alcoholismo y/o drogas; 6) trastorno bipolar; 7) incomprensión familiar y carencia de afecto, etc.

Existen también factores de riesgo en los suicidas y van desde el tener la facilidad para acceder a las armas de fuego, hasta los relacionados con los ambientes en que la persona habita, por ejemplo: ambientes familiares tóxicos , o donde existen modelos de consumo de drogas y alcohol o violencia intrafamiliar entre otros. Lo que se convierte en un círculo vicioso, que de no incidir en cambios de fondo en estos predisponentes medioambientales, eleva la probabilidad de que el problema se recrudezca y se llegue a un final fatal.

Pero ¿qué hacer para detener este problema?,  ¿cómo detectar a tiempo en una persona la intención de dañar su integridad física o su vida?, pensando principalmente en la población de niños y jóvenes.  Pues es muy importante estar pendiente principalmente de los síntomas y comportamientos en las personas depresivas, adictas o con psicopatología, por ejemplo:

  • Si la persona habla del suicidio o expresa frases autodestructivas como “desearía no haber nacido”, “quisiera morir”, etc.
  • Si obtiene medios para preparar el hecho.
  • Si cae en retraimiento extremo.
  • Si presenta cambios de humor en forma constante.
  • Incremento en el consumo de alcohol y drogas
  • Cambios en la rutina y hábitos.
  • Desesperación por tener dinero
  • Hacer cosas autodestructivas provocándose lesiones.
  • Despedirse de las personas como si fuera ir a un viaje, etc.

En suma, lo importante detectar y actuar, orientándose y buscando ayuda cuando se observan estos cambios de comportamiento en algún familiar , por lo que no hay que perderlo de vista porque esa será la forma de demostrarle que se le quiere. Y es que un suicida potencial, es una persona que está sufriendo internamente y en ocasiones no lo manifiesta. Por lo tanto,  el deber de los padres , parejas o familiares es el de informarse y buscar ayuda de los profesionales para obtener respuestas a tiempo.

Pero igualmente se hace necesario que el Sector Salud y las instancias que tratan con víctimas, incluyan no solo en los protocolos los tratamientos físicos, sino que también incluyan como prioridad los protocolos clínicos que reconstruyen la mente y las emociones. De aquí en adelante se debe pensar en crear más centros de ayuda psicológica y psiquiátrica dependientes del gobierno y dentro de las Universidades e institutos , para garantizar que todos esos ciudadanos que requieren ayuda,  tengan la oportunidad de curarse y de recuperarse, para devolverles su calidad de persona, despertar en ellas el amor a la vida y tengan así el derecho a ser felices como lo merecen.

Gracias y hasta la próxima

[1] https://www.mexicosocial.org/covid19-depresion-y-suicidio/

[2] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2019/suicidios2019_Nal.pdf

[3] https://veracruz.quadratin.com.mx/veracruz-el-cuarto-lugar-nacional-en-suicidios/

[4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001554.htm

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