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A partir de este miércoles corren ya los últimos tres días de julio y restarán solo cuatro semanas, las de agosto, para que inicie formalmente el proceso electoral federal en la primera de septiembre.

Yayo Gutiérrez, un político que figuró a finales del siglo pasado en la vida pública de Veracruz (también periodista), solía decir que para qué tratar de adivinar o adelantar lo que se tenía que dar.

Ello porque veía que muchos se aceleraban queriendo adelantar los tiempos y otros trataban de adivinar lo que iba a pasar, lo que a final de cuentas no resultaba más que una pérdida de tiempo.

Si hace tres años se esperaba con mucho interés el proceso electoral porque estaría en disputa la presidencia de la república, ahora el interés es por la obtención de la mayoría en el Congreso federal.

En el caso de Veracruz se disputarán también 212 alcaldías y 50 diputaciones locales (30 de mayoría relativa, o uninominales, los que hacen campaña, y 20 de representación proporcional o plurinominales, los que no).

Si bien la pasión política se desbordará por tratar de ganar las presidencias municipales, porque los alcaldes son la autoridad más cercana al pueblo, nada interesa ahora más a la oposición que ganar las diputaciones federales.

Ahí está la clave para que el presidente Andrés Manuel López Obrador (Morena es solo él) consolide su gobierno y con ello el futuro de su proyecto político, o que la oposición lo frene y se consolide como contrapeso.

Hasta donde tengo información de fuentes internas del partido en el poder, los aspirantes a una candidatura que trabajan en el gobierno cobrarán el viernes su última quincena. Los persigue el fantasma de Daniela Griego Ceballos.

Cosa de recordar que esta mujer ganó la diputación federal por Xalapa en 2018, pero la perdió en tribunales impugnada por el PRD porque no se separó como consejera del INE tres años antes de contender, de acuerdo a la ley.

En Veracruz hacía falta que un partido supuestamente de izquierda llegara al poder para que las tres grandes corrientes de la derecha (PAN), el centro (PRI) y la izquierda (Morena) pasaran por el Palacio de Gobierno.

No es necesario que los actuales terminen su sexenio para que los electores veracruzanos ya tengan claro qué quieren, aunque, eso sí, lo único seguro es que por donde escojan, en el caso de los citados, será más de lo mismo.

En 2016, luego de 86 años, por fin hubo alternancia cuando perdió el PRI y ganó el PAN. Dos años después perdieron los panistas y ganó Morena.

Los dos últimos partidos, sus candidatos y luego gobernadores, Miguel Ángel Yunes Linares y Cuitláhuac García Jiménez, despertaron muchas y grandes expectativas. El primero no las cumplió, aunque habría que abonarle a su favor que tuvo poco tiempo para trabajar, solo dos años.

El segundo tiene un sexenio completo, pero en año y medio (dice el dicho que para muestra basta un botón) que lleva en el poder, tampoco ha cumplido lo que de él esperaban los veracruzanos, lo que se refleja en la muy baja aprobación y aceptación que tiene.

Desde hace varios fines de semana, en el Estado y en otros del país, han salido a la calle caravanas motorizadas a pedir que renuncie el presidente, a mostrarle rechazo. Están en su derecho, pero no es por ahí.

Por fortuna no obstante las amenazas que en cada sexenio se dan –el actual no es la excepción– para inhibir o poner trabas al ejercicio democrático (ahora trataron de apoderarse del INE), se ha logrado mantener incólumes instituciones y leyes que nos permiten cambios pacíficos por la vía del voto.

El presidente (Morena soy yo) tratará a toda costa de mantener el control político en el país, sobre todo en el Congreso federal; todos los presidentes lo han hecho. Su única arma son sus programas sociales, su reparto de dinero. No tiene una verdadera estructura partidista como la tienen el PRI (pese a todo) y el PAN.

La oposición, integrada por esos y otros partidos más, solo podrá competirle si sale del marasmo en que cayó luego de su histórica derrota en julio de 2018. Pareciera dar de aletazos, pero si no va unida no tiene futuro.

Esta vez, sin duda alguna, el gran protagonista será el ciudadano, quien ya vivió los tres grandes sistemas de gobierno, representativos (supuestamente, porque ya se borraron las fronteras) representativos de las tres grandes corrientes ideológicas.

Otra cosa que ya se puede dar por segura es que Morena y sus candidatos no volverán a obtener la abrumadora cantidad de votos que lograron en 2018 pues el ejercicio del poder los expuso y enfrentó a la realidad y han dejado constancia que como roncan no duermen.

En el caso de Veracruz, en considerable parte del electorado hay desencanto por los escasos resultados –cuando no malos– de gobierno, por la inexperiencia, la improvisación, la mala planeación, a lo que se han sumado los mismos vicios del PRI y del PAN, los altos niveles de violencia e inseguridad, el desempleo agravado por la contingencia sanitaria, la casi nula creación de empleos y el mal manejo que se ha hecho en buena medida de la pandemia por el coronavirus.

La decepción se agrava por la muy mala administración de los pocos presidentes municipales de Morena, los de Xalapa y Coatzacoalcos los más significativos.

Pero solo habrá cambio, si es que lo quieren los ciudadanos, si se organizan, si en lugar de perder su tiempo con sus caravanas rodantes empiezan a trabajar alrededor de posibles candidatos que sean los más idóneos o los menos malos, para reencausar el rumbo de Veracruz por el camino de la unidad y que lo aleje de la división y del sectarismo hacia el que cada vez más, peligrosamente, se está llevando al Estado.

Sin caer en la inocencia de que el que viene será un proceso electoral inmaculado y que el partido en el poder jugará con total limpieza, se dan circunstancias para una competencia más equilibrada: el gobierno no tiene las carretadas de dinero que tuvo el PRI y la Reforma Electoral del gobernador Cuitláhuac García Jiménez jugará también a favor de la oposición.

Seguramente Morena concentrará todos sus recursos para apoyar a sus candidatos a diputados federales y dejará a los candidatos a alcaldes y a diputados locales que se rasquen como puedan. Hace tres años les quitó la parte de la prerrogativa que les tocaba a los candidatos a diputados locales para sumarlos al candidato Cuitláhuac García. Todo indica que esta vez será igual, por eso les han dicho a los aspirantes que empiecen a caminar sus distritos y municipios.

No será raro que en el terreno local surjan candidatos independientes, pero también que los nuevos partidos políticos locales aporten con su presencia elementos para el fortalecimiento de la pluralidad enriquecedora de toda democracia.

 

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