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* La policía duartista en la plenitud de la impunidad  * En las barbas del gobernador, quedan libres  * Y los colectivos callan  * Nicanor, el magistrado impresentable  * Roberto Ruiz: trabajo sucio en el INE  * Agua Dulce: “Payasito” Guzmán rindió informe   * Mijangos: campaña adelantada  * Ahora sí exige la paz  * El Marcial Maciel de Morena

MUSSIO CARDENAS ARELLANO

Publicada en mussiocardenas.com

7 de enero de 2020

Unos arrojan los cuerpos a la barranca. Otros siembran los restos en un predio, en Alto Lucero. Hay quienes levantan jóvenes y nadie, nunca, los vuelve a ver. Y reprimen ancianos. Y torturan. Es la policía duartista, de corte criminal. Y en los tiempos de la 4T dejan las cárceles, vuelven a las calles, se gozan en la impunidad.

Meza, el jefe de la Fuerza Civil, y otros 16 policías ya disfrutan de las mieles de la libertad, de la ley ultrajada, burlada la sociedad, sin que repare Cuitláhuac García, el obtuso gobernador que día a día, por inepto y engreído, le parte la cara a Veracruz.

Su jefe y líder, Arturo Bermúdez Zurita, hace un año dejó Pacho Viejo, el célebre penal por el que pasó la plana mayor de ex gobernador Javier Duarte. Bermúdez simula que se mantiene en casa, en prisión domiciliaria, a partir de la modificación de la medida cautelar, tras serle imputado al ex secretario de Seguridad Pública del régimen duartista el delito de desaparición forzada.

Otros mandos pero en el aparato judicial, Luis Ángel “N”, ex fiscal de Veracruz; su círculo cercano, “La Chacala” María del Rosario “H”, Carlota “P”, Gilberto “A”, pasaron por las cárceles en el gobierno de Miguel Ángel Yunes y aún siendo gobernador electo Cuitláhuac García inició el pacto de impunidad.

Roberto González Meza cayó en la redada yunista que apostó por llevar a las cárceles a los que desde la esfera de poder, solapados e instruidos por Javier Duarte, bajo el cobijo suyo, torturaban y asesinaban agravando el infierno de violencia y muerte en que se convirtió Veracruz.

Meza y sus mandos medios y su tropa disputaron el escenario de terror al crimen organizado. Recorrían las calles, los pueblos, las zonas urbanas, detectando “halcones”, o presuntos “halcones” de los cárteles, o aduciendo “conducta sospechosa” en el primer individuo en hallar a su paso. Y de ahí el levantón, la aprehensión fuera del marco legal, sin consignar a sus víctimas, sin pasarlos ante un juez.

A la Fuerza Civil, a los grupos de élite de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz, Los Fieles, se les entregó la Academia de Policía El Lencero y en sus sótanos se practicó la tortura, extrayendo información del actuar de los cárteles, sus plazas y sus rutas, sus capos y sicarios, la operación financiera y la red de lavado de dinero, cuando los detenidos eran malosos. Y cuando no, cuando eran inocentes, se les obligaba a incriminarse en delitos o de tanta felpa se les quedaban en las manos.

Vivos ingresaban, muertos salían.

Al fondo de la barranca La Aurora eran arrojados los cuerpos, o sembrados en parajes solitarios de municipios cercanos a Xalapa, la capital de Veracruz, como los 13 que Duarte ordenó fueran desaparecidos. De los 19 cadáveres hallados con rastros de tortura, se difundió la fotografía de seis. El resto, según un testimonio que implica a Arturo Bermúdez y que yace en el expediente del caso, fue trasladado a Alto Lucero con la venia del ex gobernador porque si se sabe “se haría un pedote”, dijo. “No puedo darme el lujo de un hallazgo masivo de cuerpos porque me van a partir la madre”. Y se la partieron.

Es el caso del policía estatal, David Lara Cruz. Asentado en Acayucan, municipio sureño, acudió a la Academia El Lencero a practicarse los exámenes de control y confianza, requisito para pertenecer a la corporación y que deben refrendarse periódicamente. No se volvió a saber de él hasta que su cuerpo fue hallado en Santa Ana, municipio de Alto Lucero. Los rastros que le hallaron —residuos de tierra— correspondían a la barranca La Aurora, ubicada a espaldas de la academia policíaca.

Otra evidencia, la del albañil Isidro Mepal Chama, quien realizaba trabajos en la Academia El Lencero. Tras desaparecer, su esposa inició la búsqueda. Así llegó hasta la Fiscalía de Veracruz. Entregó al fiscal especializado en Desaparición de Personas del yunismo, Luis Eduardo Coronel Gamboa, un teléfono celular sin chip que el capitán José Luis Reyes Carballo le obsequió al albañil.

Se pudo acreditar que el teléfono pertenecía al policía David Lara Cruz, hallado sin vida en Alto Lucero, pero arrojado en la barranca La Aurora.

Esa evidencia, consignada en el expediente que involucra a Bermúdez, Meza y los 16 policías ahora liberados, acredita la responsabilidad del sicariato duartista en la desaparición y muerte por tortura de David Lara.

Y hoy todos, a excepción del ex director de Reinserción y Prevención Social, Oscar Tirado Sánchez, están libres. Dejaron la prisión preventiva y pasaron a prisión domiciliaria mientras duren sus procesos penales. Pero en los hechos, se mueven en total libertad.

Meza y los 16 policías recibieron felices Pascuas cuando la jueza de control, Ludivina García Rosas, determinó, el 24 de diciembre de 2019, el cambio de medida cautelar y los envió a casa. Y las familias agraviadas —culpables o no las víctimas— a llorar su desgracia.

Y los colectivos que pugnan por hallar a sus desaparecidos, sumidos en un silencio ominoso y vergonzante. Sus voces acalladas, complacientes, traidoras. Sus miradas en otra dirección. Su denuncia perdida en alguna fosa clandestina.

Salvo unos destellos, la voz inflexible y contundente de dos o tres de sus dirigentes —Araceli Salcedo, de Orizaba, entre ellos—, la de las madres, los hermanos, los amigos que antes sacudían a México y al mundo con sus denuncias y reclamos simplemente se ahogó.

Su reacción a la crítica es valentona y altanera. A Armando Ortiz, director del portal Libertad Bajo Palabra; al reportero Ignacio Carvajal, de Liberal del Sur y Blog Expediente, les responden con insultos y descalificación. A Meza, al Black, a los otros 15 policías implicados en desaparición forzada, la de sus hijos y esposos, sus padres o amigos, ni una palabra.

Trepados en la Cuarta Transformación, se les vio en tiempos de campaña suscribir acuerdos políticos, casarse con el candidato de Morena, Cuitláhuac García Jiménez, en cuyo gobierno se abren las cárceles, se guarda silencio y se gozan en la libertad los sicarios policíacos del duartismo.

Venían los colectivos de una relación hiriente con el ex fiscal Luis Ángel Bravo, alias Fisculín, al que rebasaron cuando pretendía impedir que buscaran en las fosas clandestinas. La de Colinas de Santa Fe, la mayor de México, llegó a alojar más de 2 mil 500 cráneos y 10 mil restos humanos. Y el fiscal infame de Javier Duarte lo pretendió ocultar.

Venían de una tensa y atropellada relación con el yunismo, confrontados con el fiscal Jorge Winckler Ortiz, con Luis Eduardo Coronel Gamboa, con el ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, al que no cesan de reclamarle la incumplida promesa de mantener un contacto permanente hasta identificar a las víctimas.

Y se alinearon con la 4T. Pasaron de ser activistas por una causa justa a corifeos y servidumbre de Cuitláhuac García, comprometido su voto por el candidato de Morena. Le sumaron a su proyecto, se aliaron. Hoy callan. Son una vergüenza.

La policía duartista es tácitamente una expresión del sicariato oficial. Se les imputa en expedientes judiciales más de 200 casos de desaparición forzada, entre ellos la de los cinco jóvenes levantados en Tierra Blanca y los policías del municipio de Úrsulo Galván.

Con la Cuarta Transformación llegó la impunidad total. Cuitláhuac calla, consiente la fuga legaloide de los Fieles de Bermúdez, la salida de la cárcel de Luis Ángel Bravo, de La Chacala, de Carlota y de Gilberto “A”.

Liberan los jueces, se abstiene la fiscal carnala, Verónica Hernández Giadáns, nada hace el gobernador para impedir que los imputados de crímenes demenciales paguen por el abuso de poder. Esa es la 4T.

Lo que sigue es la extinción de cargos a Javier Duarte, cuya órdenes, según el expediente revelado por la revista Proceso, llevaron a la desaparición de 13 cuerpos con signos de tortura, a borrar evidencia, a torcer la ley.

Veracruz vive el infierno de la violencia, el levantón, el ataque de los cárteles, la disputa de las plazas y las rutas del trasiego, los cuarteles cimbrados a ritmo de metralla, la connivencia malosos-aparato policíaco, delincuencia-aparato judicial, el cobro de piso, las masacres y los atentados molotov.

Y es el santuario de la desaparición forzada.

Archivo muerto

Nicanor es, por decir lo menos, un rufiancillo con toga de trapo y birrete de oropel, un magistrado sin más mérito que ser el tinterillo del PAN-Morena, peón de Joaquín “El Chapito” Guzmán Avilés. Cándido Nicanor Rivera, que no pasó de ser proyectista en la Sexta Sala en el Poder Judicial y secretario de Estudio y Cuenta del Tribunal Electoral de Veracruz, nunca llegó a juez, ni a secretario de acuerdos, ni tiene renombre ni se cuenta algo medianamente positivo o digno de él. Y hoy, sacado de la chistera del gobernador Cuitláhuac García, es magistrado sin lustre en el Poder Judicial de Veracruz. Su (mala) fama se finca en ser de los que se cotizan alto y cobran hasta por respirar. Nicanor se convierte en magistrado por llevar la defensa legal del “Chapito” de Tantoyuca, en el conflicto poselectoral por la dirigencia del Partido Acción Nacional, que finalmente sirvió a Morena, el partido oficial, para allegarse el control del partido azul en Veracruz. Al “Chapito” Guzmán Avilés le asignaron su magistrado venal, el abogado del diablo, borrego a modo en un Poder Judicial que destila lodos nauseabundos, pestilencia inmunda y una presidenta, la notable Sofía Martínez Huera, jurista de medio pelo que llegó con el mote de magistrada “taruga” que le endilgó su contraparte, Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros, que imparte justicia desde casa y mejor ocupa su valioso tiempo en inventar apodos. Puro finísimo ejemplar. Nicanor tiene una historia tan larga como su cola, digna de la Cuarta Putrefacción… Se llama José Roberto Ruiz Saldaña y es el consejero del INE que torpedea a sus pares en el consejo general. Formado en las filas panistas, asesor del ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés —aquel de la presa en su rancho, construida con recursos públicos, caso por el que ya pisó cárcel—, es fundamental para detonar la crisis y el conflicto en el Instituto Nacional Electoral mientras Morena en el Congreso federal le va aplicando los Santos Oleos al presidente de ese organismo, Lorenzo Córdova, a quien de entrada le reducirán su período del frente del INE y luego forzarán su salida de organismo electoral. Avecindado en Coatzacoalcos, José Roberto Ruiz dejó este puerto y comenzó a rodar políticamente hasta anidar en Morena, cuya línea es enfrentar a otros consejeros y hacerles trizas la unidad… “Payasito” Guzmán rindió un informe para reír. Sergio “Payasito” Guzmán, bromeaba, alardeaba y su público, empleados de confianza del ayuntamiento de Agua Dulce, se veían obligados a secundar sus aires de comediante. Recibió regalos de instituciones que, a decir de quienes orbitan en el círculo más cercano, los adquirió en Las Choapas. Ni una referencia a la entrega del mercado ni la Casa de Cultura, cuyos tiempos de construcción ya se vencieron. Otras obras fueron echadas a andar con vicios ocultos. Las oficinas de la Policía y del ayuntamiento son producto de los 32 millones de pesos hurtados por Javier Duarte, correspondientes al cuatrienio del priista Daniel Martínez, y que fueron rescatados por la vía legal. “Payasito” Guzmán, el alcalde de Morena, las hace pasar como gestión suya. Ahí hay treta. Asignó la obra a un contratista, valiéndole la licitación pública, que ya había sido cuestionado en el gobierno anterior. Ahora, según los insiders, con otra razón social se la otorgó de manera directa y sin aprobación del cabildo. ¿Y el Órgano de Fiscalización Superior del estado de Veracruz? Bien maiceado, bien comprado, bien podrido… Fustigado por el padre Alejandro Solalinde, quien lo tundió y descarriló su ansias de ser regidor, Alberto Mijangos Martínez pueblea con video navideño, mensaje de unidad familiar y llamado a la paz por Coatzacoalcos. No lo hizo cuando anduvo cerca del alcalde Víctor Manuel Carranza, de quien fuera secretario de Gobierno. Mijangos pudo alzar la voz por el caos de la violencia, los levantados y mutilados, la Policía Municipal en manos de un elemento que se amotinó, insubordinó y asaltó la corporación, y luego fue premiado con una comandancia desde la que se arremete a diario contra ciudadanos. Patraña vil, la precampaña de Alberto Mijangos pronto se topará contra su otro yo, las trapacerías, los deslices y devaneos que han sido el sello de su vida pública, que describen que el aspirante adelantado, sea por una alcaldía o diputación, presuntamente por el Partido Verde, aliado con Morena, primero hubiera leído la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, esa de corte conservadora de la que tanto se precia Andrés Manuel López Obrador… ¿Quién es ese político añejo al que apodan el Marcial Maciel de Morena por su irrefrenable gusto por las menores de edad?…

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