“EL ROSCON DE REYES”

Apreciados lectores, deseo hayan disfrutado de la última noche del año que concluyó y que esté nuevo año los reciba con nuevas esperanzas, bríos y alegría a pesar de las condiciones en que está el país.

Si bien la dieta se rompió desde los días de muertos y se podrá recuperar hasta pasada La Candelaria, el próximo domingo nos toca degustar la rosca de Reyes. Recordemos que los magos llegaron a adorar al niño recién nacido, guiados por una estrella, llevando incienso, oro y mirra como ofrendas; ese día se conoce como la epifanía que significa manifestación y en memoria de ese acontecimiento, es que desde hace siglos se parte la rosca de reyes, la cual es un pan ovalado que simboliza el amor de Dios sin principio ni final, adornada de frutas que son las joyas de los reyes representando el amor, paz y felicidad. En su interior contenía un haba que representaba al niño Jesús y el comensal que lo encontraba se convertía en rey o reina de la noche. Con los años, el haba se convirtió en una figura de porcelana y actualmente de plástico y quien lo encuentre, se dice que apadrina al niño y ofrece tamales y chocolate el día de la Candelaria.

La rosca inicia en Europa, en el siglo XIV en Francia se hacía la Galette des Rois, pan de hojaldre y almendras, en Portugal se elaboraba el Bolo Rei, pan con uvas, pasas y frutos secos, mientras que en España se inicia la tradición con un pan redondo u ovalado de masa dulce y agua de azahares, adornada con frutos secos. Todos ellos incluyendo en su interior el haba y después la figurita del niño hasta nuestros días.

La tradición fue traída a México durante la conquista y rápidamente se arraigó principalmente en los estados del centro, degustándose la noche de Reyes en la que cada invitado corta un trozo de la rosca en diferentes lugares y quien encuentra al niño, ofrecerá los tamales, el chocolate y champurrado.

Desde hace muchísimos años, también se acostumbra y principalmente en los estados del centro y sur del país, esa noche tras comer la rosca, los niños se van a dormir dejando su zapato al piel del nacimiento o cerca de una ventana, esperando la llegada de los Reyes Magos que les dejarán algún juguete o al menos una golosina en recuerdo de las ofrendas originales de hace poco más de dos milenios, de tal suerte que en la mañana del 6 de enero, los niños se despiertan tempranito a ver que les dejaron los Reyes. Esta es una tradición muy mexicana y verdaderamente hermosa, llena de fantasía que nos ha ilusionado a todos desde nuestra niñez más remota y que además de mantener viva la tradición, desde el punto de vista del crecimiento y desarrollo infantil, los pediatras recomendamos mantener esa y otras fantasías a fin de despertar la imaginación de los niños y que en su etapa de adolescente y adulto, sean capaces de tener inventiva, capacidad para resolver problemas y por supuesto mucha imaginación necesaria para varias actividades profesionales y laborales.

Así que el próximo domingo no deje de compartir la noche con familiares y amigos  para partir la rosca, acompañada de un buen chocolate o champurrado.