Marcelo Montiel: que las estructuras de Sedesol le sirvan a Dante

* Opera en el sur  * Al “amigo” fiel, una diputación  * Sirvió a Roberto Madrazo y a Duarte  * PAN-Veracruz: hecho trizas  * Alcalde de Agua Dulce, como en la Ley de Herodes  * Regidor le responde  * Eric, el nuevo mecate del que se cuelga la síndica  * La Catrina y La Pandita en Día de Muertos 

MUSSIO CARDENAS ARELLANO

A Sedesol, hoy Bienestar, lo usó Marcelo Montiel con saña y con filo: un botín millonario y una maquinaria política que canjea dádivas por votos, sirviendo a Rosario, encumbrando a Duarte, perpetuando al PRI, hoy entregándole las estructuras a Dante Delgado.

Servía a Rosario Robles, hoy presa, en lo suyo, la operación política, el contacto con los olvidados, los que anhelan una despensa, una playera, una gorra, la beca, la pensión, el cemento y la varilla, y como contraprestación enquistaban a la mafia en el poder, con su voto a ciegas, su voto castrado, su voto de hambre, su voto cómplice.

Le sirvió Sedesol, y antes otros programas sociales, para la formación de una estructura política, el marcelismo, que apuntalara al PRI, su partido, en Coatzacoalcos, siendo alcalde o desde la penumbra, sufragada con el erario, un símil de los gangs, piramidal y autoritaria, financiada con el dinero del pueblo y operada por células de burócratas o “aviadores” que sangran a las instituciones del Estado mientras van de colonia en colonia, de congregación en congregación, de ejido en ejido ofreciendo un espejismo, el alivio a la miseria que el mismo sistema creó perpetuando a los artífices de su desgracia en la cúspide del poder.

Sirvió Marcelo a Rosario y a Javier Duarte, a Fidel y a Alemán, a Dante Delgado y a Patricio Chirinos, a Yunes Linares y a Yunes Landa, a todos con tal de tener su tajada de pastel.

Su don no es servir. El fin de Marcelo Montiel es el uso de las masas, la compra de votos, el control de los IFES y de los INES, los OPLES y todo órgano electoral, la dádiva en la prensa servil, el engaño de los tontos a partir de un ardid tan arrogante como embustero: su imagen de ganador.

Marcelo Montiel no es un arquitecto electoral; es un albañil del fraude. No se granjea los votos; los hurta. No es un político de altura; es un mapache silvestre.

Hoy, despeñado el PRI, es el operador de Dante Delgado, el senador y ex gobernador de Veracruz, dueño de Movimiento Ciudadano que un día navega con López Obrador y otro lo desdeña, un día se suma al PRD y otro al PAN, les aporta votos o se los resta también.

Un hecho de sangre les da afinidad a Marcelo Montiel y a Dante Delgado: el suicidio o asesinato de Juan Osorio López.

A media madrugada, el domingo 8 de marzo de 1989, sobre un charco de sangre dejaba la vida el ex alcalde de Coatzacoalcos, en el remanso del hogar, con una nota póstuma, con palabras extrañas, el deseo de descansar, caligrafía dudosa, su cuerpo ajeno a la mayoría, la sospecha de una ejecución. Nadie, ni su esposa, ni su hijo mayor, ni los guardias, escucharon el disparo. Los suicidios políticos así son.

Tras ese hecho de sangre, no aplicó al cargo su suplente, Manuel González Salvador. Convocado por Dante Delgado, entonces gobernador sustituto de Veracruz, viajó a Xalapa, suscribió su renuncia y se abrió. Quedó la vacante. Y la vacante se llenó con una imposición.

Con Carlos Brito Gómez en la alcaldía arribó una pandilla sui generis: Edel Álvarez Peña, Marcelo Montiel, Pablo de la Cruz, Fernando Charleston Salinas. Y nació el cacicazgo que gobernó Coatzacoalcos por casi 30 años, salvó por el trienio del PRD y el de Iván Hillman Chapoy.

Proviene Marcelo Montiel del priismo rapaz. Sirvió a Roberto Madrazo Pintado —ojo Andrés Manuel— en la Delegación Magdalena Contreras en la Ciudad de México, entre 1983 y 1984, con el cargo de subdirector de Desarrollo Social. Y con él, Edel Álvarez, hoy presidente del Poder Judicial, dueño de un consorcio periodístico sin saber un gramo de periodismo, yunista azul para salir del sarcófago en el que lo confinó Javier Duarte, morenista en cuanto afloró su máxima virtud: la traición.

Brito ubicó a Marcelo Montiel en el DIF municipal (1989-1991), y desde ahí a permear a ras de piso, formando estructuras, dispensando favores, las migajas a los pobres y el botín a los corsarios.

Luego sería efímero tesorero municipal con Edel Álvarez Peña, tiempos de Sedesol y del Pronasol salinista, Dante Delgado en el gobierno y fluyendo los millones y millones para construir aulas y pavimentar calles, la danza de los materiales, Cementos Veracruz —con ligas hacia el mandatario estatal— proveyendo y proveyendo y hasta a la Iglesia católica le tocó.

De la tesorería municipal, Marcelo Montiel saltó la presidencia del PRI local cuando uno de sus “amigos” fieles, David Porras Pacheco, llegó ebrio a la zona de tolerancia, armó una balacera y le clavó una bala entre los ojos a un homosexual que laboraba como mesero. Y Marcelo lo encubrió.

Soñó ser alcalde y del sueño lo despertó Miguel Ángel Yunes, entonces secretario de Gobierno con Patricio Chirinos, que ungió a Rogelio Lemarroy y lo llevó a la presidencia municipal.

Tres años fue Marcelo Montiel el secretario del ayuntamiento de Lemarroy y en 1997 fue por el botín: la Oficialía Mayor del Congreso de Veracruz, que lideraba Carlos Brito, su mentor.

Volvió a Coatzacoalcos en 2001 y ya como alcalde se volvió fidelista. Haría suyos los aceleres de Fidel Herrera, luego daría el viraje hacia Tomás Ruiz y volvería con Fidel hasta amarrar la candidatura a diputado local por la Alianza Fidelidad por Veracruz.

Su segunda alcaldía, en 2008-2010, fue gris, plegado al fidelismo, operando la llegada de Javier Duarte al poder. Marcelo cargaba el peso de haber malversado recursos —el Libro Negro que le confeccionaron Iván Hillman Chapoy, su sucesor, y Mariano Moreno Canepa, que de la pobreza pasó al negocio gasolinero—. Asumió la Secretaría de Desarrollo Social duartista, lidiando con los pagos a empresas fantasma que servían al gobernador para saquear Veracruz.

Su remanso fue la delegación de la Sedesol Federal en Veracruz, convocado por una aliada sin par: Rosario Robles Berlanga, hoy en prisión. Por sus manos pasaron decenas de millones, programas sociales de alto impacto, la mayor operación política del peñanietismo, la mayor generación de votos. Y el albañil electoral jugando su rol.

Ahí enfrentó el escándalo, el robo de apoyos a adultos mayores, dos empleados extrayendo el dinero con tarjetas bancarias que mantenían retenidas, en cajeros de San Andrés Tuxtla, al sur de la entidad. Se les consignó y juzgó. Y el de las tres M, impune, cobijado por Rosario.

Hoy Marcelo Montiel tiene ese expediente abierto. Se nutre de las denuncias del subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas; la de un empleado ligado al ex senador panista, Juan Bueno Torio, y la del ex vocero del PRD en Coatzacoalcos, Alejandro Gutiérrez Cabrera.

Morena lo tiene en la mira; Dante Delgado, en sus planes.

Al dueño de Movimiento Ciudadano le opera en el sur de Veracruz usando estructuras de Sedesol, con enclaves infiltrados, las coordinadoras y asesoras, quienes mueven a la gente, los listados de grupos sociales identificados, nombre por nombre, domicilio por domicilio.

Pero el albañil no da palada gratis. A cambio, Marcelo Montiel reclama su retorno al poder, la alcaldía de Coatzacoalcos, diputaciones, regidurías, según revelaciones de ex marcelistas.

Uno de sus afectos, su “amigo” fiel, Yair Andrade o Yair Fong, profesor de primaria, físicoculturista —el Paco Bravo de Coatzacoalcos— es observado para una diputación.

Yair Andrade sigue a Marcelo Montiel desde la primera campaña a la alcaldía de Coatzacoalcos. Era integrante de su avanzada en colonias. Participó en las campañas a la diputación local en 2004, siendo fidelistas, en el regreso de Montiel a la presidencia municipal en 2007, en la de Marco César Theurel —“Te rompo tu puta madre”—, en 2010, y en la de Joaquín Caballero Rosiñol, en 2013.

A sus operadores los reagrupa. A su lado siguen Miguel Antonio Wong Ramos y Alfonso Morales Bustamante. Lejos de él Víctor Rodríguez Gallegos y Jesús Moreno Delgado. A Rodríguez le reserva una diputación para su hermano Felipe, actual regidor en el ayuntamiento de Coatzacoalcos, el que más aplaude y secunda todo lo que instruya el alcalde de Morena, Víctor Carranza Rosaldo.

A Dante sólo le basta que Marcelo Montiel le opere. Los votos caerán, como refiere el versículo, por añadidura. El objetivo no es ganar; es garantizar su registro como partido.

Y Marcelo, el operador de Rosario, le allega las estructuras de Sedesol.

Archivo muerto

Hecho trizas, el PAN se diluye, se fracciona, se mimetiza con el gobierno de la 4T. Asume Joaquín Guzmán Avilés la presidencia del comité estatal en Veracruz bajo la sombra de Morena, allanado el camino por un tribunal electoral que le lustra los huaraches al gobernador Cuitláhuac García y le lame la mano al presidente del Poder Judicial, Edel Álvarez Peña, y por una elección pasada por el fraude y la simulación. Convoca El Chapito Guzmán a sus adversarios a la unidad luego de polarizar, de sumar priistas a su causa, de operar con bejaranistas, morenistas y perredistas, y de tener un discurso complaciente, de peón o mancebo, con el gobernador de Morena, Cuitláhuac García. Y en la otra esquina, el yunismo azul pasmado y abriendo la puerta a la conciliación —migajas si acaso les van a dar— con quien los echó del poder. A la coordinación del PAN en el Congreso va Omar Miranda, un negociante sin escrúpulos que saca raja de las campañas, de ese filón llamado propaganda electoral. Huele a Morena el nuevo PAN en Veracruz, y a Fidel y a Duarte, a los que de palabra dicen combatir y a los que en los hechos les construyen el regreso al poder. Así, pronto el PAN le disputará al PRD su condición de partido piltrafa, no buscando ganar elecciones sino cachando votos para no perder el registro. Y el PRI igual, desvencijado, sin figuras, con un éxodo permanente, su líder nacional desaparecido y su dirigente estatal sin brújula… Alcalde de historieta, Sergio Guzmán es el clásico ejemplo del que gobierna… con las tripas. Un “Varguitas”, personaje de La Ley de Herodes, que adapta la ley a conveniencia y el poder a sus locuras. Quiso darle espacio a Telecom, dependencia del gobierno federal, en el palacio municipal de Agua Dulce y cumplirle la exigencia de contar con baño propio para damas y caballeros y hasta regadera, como si fueran fifí, y por mayoría perdió la votación en el cabildo. Tres votos fueron de la síndica, Sandra Amador, y de los regidores Constantino Morales Montiel y Mario Espinoza Ríos, y el resto de sus presuntos aliados. Tras una serie de ataques mediáticos y en redes sociales, Constantino rompe el silencio y le recuerda que la escuela primaria Venustiano Carranza presenta más carencias, techos que se llueven y un sanitario en peores condiciones. Y ahí se debiera destinar la inversión. Al regidor Mario Espinoza le fragua un ataque implicándolo en un tema de ganado robado, uso de documentos falsos, operaciones ilegales en el rastro municipal que el edil respondió, aclaró, explicó que si hubo alguna irregularidad fue del personal y prepara una embestida legal que pondrá al alcalde de Agua Dulce —su pasado policíaco, el encierro del suegro, la nudista con cargo público— en la palestra de la prensa nacional. O sea, Sergio “Varguitas” Guzmán Ricárdez sigue en la dinámica de gobernar con el hígado. Hasta que se le termine de pudrir… De cualquier mecate se cuelga la síndica de Coatzacoalcos intentando evitar el juicio político. Ayer fue Elías Moreno Brizuela, hoy es Eric Cisneros. Ya en trámite el proceso en el Congreso de Veracruz, Yazmín Martínez Irigoyen ha visto que ni con dobleces ni sometiéndose de nuevo al alcalde Víctor Manuel Carranza Rosaldo y su pandilla, a los que los que les venteó mil trapacerías, tretas y simulación jurídica, el acta falsa de cabildo, desvío de recursos a organismos sociales que son fachada de lucrativos negocios, entregas de dinero al ayuntamiento de Tatahuicapan a espaldas del cabildo, y un sinfín de corruptelas. Llevada hasta el juicio político, Yazmín cede, se arruga, se repliega, se somete y se arrastra. Hubo acuerdo con el ex presidente del Congreso estatal, José Manuel Pozos Castro, y de la foto no pasó. Carranza arremetió de nuevo y el juicio de desafuero ya inició. El 31 de octubre fue turnado a comisiones. Será analizado y dictaminado, pasará al pleno y habrá procedencia. Sin fuero, Yazmín será destituida, inhabilitada, enfrentará un proceso penal y la cárcel. Nunca antes un caso así en Coatzacoalcos. Y la pandilla del alcalde a lo mismo, al desvío, a la simulación jurídica, al abuso y al atropello. Supone Yazmín que su nuevo mecate, el secretario de Gobierno, Eric Cisneros, le servirá para suavizar su tragedia. Antes se colgó de Cuitláhuac García, el gobernador; de Mónica Robles, la diputada succión; de Elías Moreno Brizuela, el ex senador, y ahora de Eric Cisneros. Y el juicio de desafuero va. Tontos y torpes serían Rocío Nahle y el Iguano Carranza si no les cuaja la destitución de la síndica. Evidenciaría que tiene más poder Eric Cisneros que la secretaria de Energía, que tanto presume de su cercanía con Andrés Manuel López Obrador. Mientras, cualquier mecate le va bien a Yazmín con tal de no caer al abismo. Nunca entendió la dinámica del poder. Teniendo todas las pruebas de la corrupción de Carranza, el destituido sería aquel…  La Catrina y La Pandita salieron a pasear. Embadurnados, con rostro de muerto, Cuitláhuac y Eric se unieron al jolgorio fantasmal, el desfile de los difuntos y la alegoría de la Muerte, mientras Veracruz bulle, se incendia, llora sus tragedias, ve a los cárteles llegar, asaltar, diezmar familias y sembrar dolor. Y La Catrina dale que dale, unos pasitos para acá, otros pasitos para allá, contoneando la osamenta que eso es lo único que sabe hacer. Van por las calles de Xalapa con su vodevil. La Pandita ríe, bromea, se ríen de él, suscita burla y escarnio, al tiempo que Veracruz es un caos político, enconados los partidos, atropellada la ley, usando al Congreso como ariete de pasiones, venganzas, imposición, y la Iglesia que increpa, que cuestiona. Y ellos, La Catrina y La Pandita, en la fiesta de Día de Muertos, en la risa y en el baile como si el infierno fuera el edén. Inmortaliza a La Catrina la estampa con que se le va a recordar: la pose feminoide mientras le retocan el maquillaje. Histórica…

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