El frente que Morena no debió abrir

“Cuando no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud.” – Marco Terencio.

 

Van 73 días de gobierno estatal morenista y Veracruz se sume en el caos.

La infructuosa política implementada evidencia el desconocimiento, la incapacidad, la soberbia, la intolerancia de personajes que se encuentran ahí gracias al “Síndrome de la Valenciana”.

Trepados todos en la valenciana del pantalón de Andrés Manuel López Obrador, todos los integrantes de la Cuarta Transformación confirman que están en donde están por simple casualidad y por ocurrencia.

En otra circunstancia, jamás en sus vidas ostentarían dichos cargos, porque simple y sencillamente son han demostrado ser incapaces para ello.

Resultado del fenómeno político-social que llevó a López Obrador a ganar la elección tras 18 años de sobre exposición mediática, sumada al hartazgo descomunal producto de una generación de políticos ladrones, los hoy integrantes de esta 4ta, “T” no dejan de cometer hierro, tras hierro.

El más reciente el intento por llevar a juicio político al Fiscal General de Veracruz, Jorge Winckler Ortíz, con los resultados de todos conocidos.

Pero en paralelo, la crisis de inseguridad que azota a la entidad, es la muestra real de que quienes están ocupando posiciones de gobierno, están haciendo perder el tiempo a la población, a la que sí están exponiendo severamente ante el incremento de crímenes en todos sus niveles.

El secuestro, el robo, el homicidio, el feminicidio, el tráfico de migrantes están fuera de control, aun cuando afirmen todo lo contrario, tan solo un dato, para dar claridad a esta afirmación nos lo da el reportero Noé Zavaleta de la Revista Proceso: En 70 días de esta “nueva era” 300 homicidios (4.2 por día) afirmó en su cuenta de Facebook el comunicador.

Pero no conforme con ello, los hijos de la Cuarta Transformación están montados en el capricho de querer ir con todo respecto a reformar desde el Congreso, -donde ya está visto que de igual manera son inoperantes e inexpertos-, temas como el aborto, el matrimonio igualitario, o la adopción para personas del mismo sexo, en momentos en que la sociedad demanda temas prioritarios como los son garantizar la seguridad o el empleo.

Frentes en donde han quedado gravemente a deber.

Pero ahora bajo este argumento, los gobernantes por casualidad, abran de tener una batalla campal contra uno de los poderes con los que el estado no se debió meter, en ese ejercicio de la política que desde los tiempos del mismo Juárez eran cosa vedada,

La Iglesia Católica se levanta y alza la voz ante la ola de incompetencia con la que se conducen estos hijos del “Síndrome de la Valenciana”.

A través de su órgano de comunicación, la Arquidiócesis de Xalapa apretó el discurso al afirmar que “la participación de los ciudadanos en la selección y definición de sus autoridades de gobierno, no se termina con el voto ejercido en las urnas el día de los comicios, sino se prolonga en la observación, evaluación y exigencia de los compromisos anunciados en los tiempos de campaña.”

En su mensaje dominical afirmaron “Debemos recordar que quien asume una responsabilidad pública sabe que debe dar cuentas a los ciudadanos; debe ser consciente de que su labor estará siempre sometida al escrutinio público. Dado que el gobernante ha recibido un encargo de parte de los ciudadanos y como tal administra bienes que no son suyos, no le debe extrañar que se le exija eficiencia, honradez y transparencia en las funciones que desempeña.”

El documento firmado por el Vocero, José Manuel Suazo Reyes afirma: “La llegada de una nueva administración en el gobierno de Veracruz, el día 1 de diciembre de 2018, generó muchas expectativas en los ciudadanos. La gente se ilusionó por la llegada de un nuevo gobierno dado que las promesas de campaña habían sido muy generosas.”

“Sin embargo a medida que pasan los días, se van acumulando algunos fracasos. Pareciera que hay muchas cabezas y que las torpezas de unos pocos están echando a perder el poco trabajo de otros. La gente ha ido perdiendo la confianza.”

Lo grave y a la vez cierto del posicionamiento de la Iglesia Católica es cuando se afirma que: “Lamentablemente el desánimo y el desencanto van ganando terreno. Y es que no se puede invocar la novatez ni la curva de aprendizaje para justificar los desaciertos que en estos 74 días de la nueva administración gubernamental de Veracruz están a la vista de todos.”

“No estamos para improvisaciones, seguramente se necesita evaluar los resultados y la eficiencia de los colaboradores del gobierno. Hay señales claras de que algunos “recomendados” no están funcionando, y por lo mismo es tiempo de tomar decisiones. Se observa que falta oficio político y que el ambiente se está enrareciendo. No hay que esperar a que el Estado se encienda, para actuar.”

“Se requiere dirección, un proyecto bien definido y mejores resultados ante las grandes necesidades que vive la gente. ¡Ya no queremos más sangre derramada en Veracruz! ¡Ya no más muertes y desapariciones! ¡No más ejecuciones, ni violencia! ¡No más dolor y miedo en la población! Queremos un Veracruz en Paz y el gobernante debe trabajar sin descanso hasta no lograrlo.”

“Lamentamos la pena y el sufrimiento que enfrentan muchas familias veracruzanas a causa de sus hijos devorados por la imparable violencia que caracteriza a nuestro Estado. Nos unimos al clamor generalizado de la gente que espera que ya se resuelvan los grandes problemas que nos aquejan. Las autoridades gubernamentales no pueden perder el tiempo en pleitos sin sentido, en caprichos infantiles que causan el enfado de la sociedad. Se necesita una verdadera transformación que traiga oportunidades de progreso a los ciudadanos, no que los enfrente en bandos de buenos y de malos.”

“Lamentamos la situación de violencia e inseguridad que se ha incrementado en las últimas semanas. Este ambiente de violencia afecta el tejido social, lastima a las personas, las envenena con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza. Todos los días, los medios de comunicación dan cuenta de asesinatos, secuestros y levantones; ya no es extraño escuchar balaceras, incluso en lugares concurridos. Muchas personas viven con la angustia de sentirse indefensas ante la amenaza de la violencia.”

Hasta ahí el contenido sustancial del posicionamiento de los católicos, en todo cierto, y que representa un claro mensaje de un frente que estos irreverentes y soberbios políticos han abierto y en donde nunca se debieron meter.

Las consecuencias de una pelea con la Iglesia han vuelto a traer al discurso una posición tan antagónica que solo en el Siglo XIX volcó a los mexicanos a pelear entre si una guerra sin cuartel, que, hasta los mejores entendidos, buscaron pasado el tiempo no reabrir.

Sus belicosas posiciones, son la evidencia de sus desequilibrios personales, vuelvan pues a reflexionar en lo hecho hasta el momento, en donde el saldo por donde le busquen es negativo, y reevalúen para que están, donde están.

Señores, queremos que a Veracruz y a México le vaya bien, es momento de ponerse a trabajar, y quien no lo quiera entender, sería mejor vaya recogiendo sus cositas y se vaya de regreso de donde vino, los veracruzanos desean paz, tranquilidad y armonía.

 

Al tiempo.

 

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