INDÍGENA DIADEMA

Hola estimados lector-lectora, le comparto una poesía que conocí desde los doce años: Indígena Diadema y que, lamentablemente, llegó a mí sin el nombre del autor. Muchos años después, en 1987, fui invitada a declamar en el festejo de cumpleaños de don Daniel Sierra Rivera, a la sazón, líder del potente sindicato de trabajadores de la Cervecería Moctezuma. Fue mi primera oportunidad de interpretar esta poesía en un escenario propicio, cerca de la Sierra de Zongolica y ante un líder que podría aportar beneficios a los indígenas.

El evento se realizó en la sede del Sindicato en un gran salón, por lo que me atreví a solicitar como respaldo la pintura de un paisaje de la sierra que contuviera una casa típica y la compañía de dos mujeres indígenas que, en cuclillas, molieran maíz en el metate. Mi propósito era sensibilizar…

Años después, en 1991, volví a declamarla para el licenciado Miguel Alemán Velasco en su campaña para el senado, esa vez fue en las alturas, en el último pueblo de la Sierra de Zongolica, mi propósito, hacer visibles las necesidades de los pueblos originarios.

Ahora, al calor de los momentos que vivimos, quiero compartirla con usted:

Patria mía

Señora del impulso milenario,

Tus hijos buenos se murieron pronto

Y es muy larga la vida de los malos.

Respetaste la cruz de un evangelio

Que no practican los que te la dieron,

Obesidad ladrona que se harta de haciendas

Mientras ellos, tus hijos lacerados

Machacan el maíz de tus entrañas

En cuclillas apenas, sobre el suelo,

Con los ojos llameantes en las llamas

Del inútil fogón.

Lo he visto en tus indígenas

Y he comido con ellos el maíz que les cedes

A cambio de sus vidas,

Aprendiendo a venerarlos en la agreste montaña.

 

Los seguí por tus senderos infinitos,

Los seguí por los rumbos de Chiapas

Y comí con ellos en la tierra Tarasca.

Estoy en el vórtice que viene de tus viejas entrañas,

Entre caudas de sangre y de tristeza,

Esperando Patria mía

El luminoso día,

Un luminoso día

Para todos los días luminoso

En que extingas por siempre la injusticia

Y el impuso esclavista con que ultrajas a una raza,

A la raza de aquel indio que sonriera con los pies sobre las llamas.

 

Recogerás de nuevo la última saeta

Cual flechador de cielo

Y la enviarás al firmamento,

Como el arquero azteca de la historia.

Ese día,

Que habrán de ver los hijos de los hijos de mis hijos,

Lucirás un atuendo de leyendas

Y en tu morena frente centilante,

Como una estrella de rotundo brillo,

Brillarás con tu indígena diadema

¡Para ejemplo del mundo!